Helena, de pie a un lado, no pudo evitar rodar los ojos al escuchar a Betina y Liliana.
«Miren nomás qué descaro», pensó. «Se mueren de miedo de que la señorita Almendra también estudie con el maestro Kino». Con la inteligencia de la señorita Almendra, si quisiera aprender piano, seguro que superaría a la señorita Betina.
Empezó a estudiar piano a los tres años, ha estudiado durante quince y siempre con los mejores maestros. ¡Hasta un tonto ya habría aprendido algo! ¿De qué se sentía tan orgullosa? ¿Qué tanto presumía?
Almendra no tenía ganas de perder el tiempo discutiendo con Liliana y Betina; tenía que tomar un avión en un rato.
Sin embargo, al observarlas ahora, le pareció que había un ligero parecido en sus rasgos.
—Papá, mamá, ¿no han notado que Liliana y Betina se parecen un poco?
La repentina pregunta de Almendra casi le provoca un infarto a Liliana.
—¡Ay, señorita Almendra, qué bromista es usted!
Betina también pensó que Almendra estaba diciendo tonterías. ¿Ella y Liliana parecidas? ¿Acaso no veía bien?
Simón y Frida, sin embargo, se tomaron en serio la observación de Almendra y se pusieron a examinar a ambas. Liliana, pálida del susto, se cubrió el rostro con la mano, fingiendo acomodarse el cabello.
—Este… todavía falta la sopa en la cocina, voy a ver qué pasa.
Simón se rio y miró a Almendra.
—No se parecen en nada.
La sonrisa en los labios de Almendra se hizo más profunda.
—Solo estaba jugando con ella.
Cuando finalmente trajeron la sopa, Liliana no volvió a aparecer.
Almendra dejó los cubiertos y se limpió los labios con la servilleta.
—Ya terminé.
—Alme, has estado de viaje por tres días. Descansa bien esta noche.
—Tengo un vuelo a Francia a las 10.
El anuncio de Almendra dejó a todos atónitos.
—¿Por qué a Francia otra vez? —preguntó Simón, siendo el primero en reaccionar.
—Así es, Alme. ¿Por qué tanta prisa? ¿No te quedas a descansar ni una noche? —Frida también la miró con preocupación.

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