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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 407

Betina también le lanzó una mirada fulminante a Helena. ¡Ya vería! En cuanto tuviera oportunidad, haría que esa lambiscona se largara.

El concurso empezó pronto. Para los que estaban frente al televisor, esos 60 minutos se sintieron eternos.

Especialmente para Betina, que se estaba muriendo de aburrimiento. Así que, con la excusa de ir al baño, se fue de la sala.

Al llegar al baño del primer piso, hizo una mueca y resopló: —¡Es una pérdida de mi valioso tiempo! Ver esos concursos aburridos... ¡mejor me hubiera ido a mi cuarto a practicar piano!

¡Jum! Ya vería esa ranchera de Almendra cómo ella brillaba en el concurso internacional de piano y se llevaba el primer lugar.

Por muy buena que fuera Almendra en medicina o en la escuela, ¿qué importaba?

El piano es un instrumento elegante y de clase alta, ¡seguro que esa pueblerina criada en el rancho nunca había visto uno!

Se tardó lavándose las manos, pensando en inventar que iba a practicar para subir a su cuarto, cuando de repente escuchó gritos afuera.

—¡Ah! ¡Dios mío!

—¡Ay, no, no, no! ¡Virgen Santísima!

Los gritos no paraban.

Eran de sus papás y también de los sirvientes.

El corazón le dio un vuelco. ¿Qué había pasado?

¿Le había dado el patatús al abuelo otra vez?

Se secó las manos a toda prisa y corrió hacia afuera, pero se detuvo a medio camino.

¿Por qué corría?

¿No había operado Almendra al abuelo?

Si surgían problemas una y otra vez, seguro era porque Almendra era mala doctora.

Tenía que aprovechar esta oportunidad para bajar a Almendra de su pedestal y que sus papás se dieran cuenta de que no era la gran cosa, ¡que todo era puro cuento!

Ya con la idea clara, fingió estar nerviosa, abrió la puerta y gritó también: —¿Qué pasó? ¿Le dio un ataque al abuelo?

Volteó a ver la pantalla, pero estaban pasando tomas de la zona de los concursantes.

—Está sentada en la mesa del jurado, y tu hermano mayor también es juez. Ese muchacho, tan calladito que se lo tenía, no avisó nada a la casa —dijo Yago con una sonrisota.

Al mencionar a Cristian, Betina también puso cara de orgullo.

—Ir de juez a un concurso internacional es pan comido para mi hermano mayor. A ver, ¿por qué no enfocan a los jueces?

Justo cuando Betina terminó de hablar, cambiaron la toma.

Cuando la cámara enfocó la mesa del jurado, el primero y el último de la fila eran los que más llamaban la atención.

En el asiento número 1 estaba su hermano mayor, sin duda. Pero la persona sentada en el último lugar del jurado era...

Al ver el nombre en la placa sobre la mesa y a la persona sentada allí, Betina sintió como si le hubiera explotado una bomba en la cabeza.

¡En ese instante sintió que se le caía el mundo!

—Esa es...

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