Pero para su sorpresa, Fabián se pasó toda la noche intentándolo sin que lo eligieran ni una sola vez.
Llegó a sospechar que la doctora Alma lo estaba haciendo a propósito, pero había más de trescientos mil espectadores en el en vivo y los comentarios pasaban tan rápido como un rayo. Ni él mismo podía ver quién quedaba en primer lugar, ¿cómo podría ella?
—Gracias a todos por acompañarme. Los cincuenta afortunados, por favor, pónganse en contacto con mi administradora, Valentina, para darle su dirección de envío. Ella se encargará de mandarles todo. La transmisión de hoy termina aquí. Hasta luego.
El suceso de esa noche, donde un magnate había llenado de regalos a la doctora Alma mientras ella se reportaba con sus fans, volvió a causar revuelo en internet. Al salir del en vivo de Almendra, Fabián descubrió con sorpresa que su propia cuenta ya había alcanzado los cien mil seguidores.
***
Después de cerrar la transmisión, Almendra le envió las cincuenta capturas de pantalla a Valentina.
Valentina ya no aguantaba la curiosidad. Ahora que por fin tenía la oportunidad, le preguntó a su jefa:
[Jefa, ¿quién es ese tal señor Fabián? ¿Qué onda con ustedes?]
Almendra respondió:
[Nada que ver. Solo es un paciente al que salvé.]
Valentina entendió. ¡Con razón!
Tenía sentido que no lo hubiera visto antes. Su jefa había salvado a innumerables personas, y los millonarios siempre estaban buscando cómo agradecerle. Ahora simplemente había uno nuevo en la lista.
Una vez que terminó con sus asuntos en línea, Almendra volvió a concentrarse en sus bocetos; esta vez, los diseños de otoño que le había encargado Baltasar.
De repente, alguien tocó suavemente la puerta.
—Alme, ¿ya estás dormida?
Almendra se levantó para abrir y se encontró a Frida con dos tazones familiares en una bandeja.
—¿Usted por qué no se ha dormido?
Frida la miró con una sonrisa tierna.
—Vi que la luz de tu cuarto seguía prendida, así que te traje el consomé.
Almendra se sintió conmovida.
—Estoy muy sana, no necesito tomar esto a cada rato.
Frida entró con la bandeja y sus ojos volvieron a enrojecer.
—Mamá solo quiere compensarte por todo. Mírate, estás tan delgada que un viento…
—Me lo tomo.


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