La primera impresión que tuvo Betina al ver a Sombra fue de atracción por su apariencia guapa y destacada.
Era extraño, este tipo parado junto a Fabián no se veía para nada opacado, aunque tenían estilos diferentes.
Fabián tenía ese estilo frío y aristocrático, mientras que Sombra parecía una estrella pop, un ídolo de esos que les encantan a los internautas.
Al principio a Betina le cayó bien, pero ¿resulta que es primo de Almendra?
Al instante, puso cara de desprecio.
—¿Primo? ¿Desde cuándo mi hermana tiene un primo así? ¿Por qué nunca había escuchado de él?
Almendra respondió con frialdad:
—Hay muchas cosas de las que no has escuchado.
Betina se quedó callada, avergonzada por el corte. Justo cuando iba a replicar, Cristian intervino:
—Ya que estamos todos aquí, vamos a desayunar rápido para irnos a la carrera.
—El jefe tiene razón, vámonos a desayunar —dijo Frida sonriendo a todos.
Todos asintieron y el grupo se dirigió a desayunar.
Desde que vio a Sombra, Fabián no había dejado de fruncir el ceño.
Y para colmo, Almendra parecía ser especialmente tolerante con Sombra, lo cual lo tenía muy molesto.
Por lo que decía este Ricardo, él y Alme eran amigos de la infancia, inseparables, habían pasado por muchas cosas juntos y se querían mucho.
Esto hacía que Fabián sintiera una gran amenaza y hasta celos.
¡Nunca imaginó que algún día sentiría celos por otro hombre!
Almendra también notó que Fabián tenía cara de pocos amigos, así que de vez en cuando le jalaba la manga para calmarlo, si no, ya hubiera explotado.
Betina, al ver que Ricardo y Almendra se llevaban bien, empezó a maquinar algo y una idea se le ocurrió de repente.
Después de desayunar, el grupo se fue al Autódromo Internacional.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada