Durante todo el desayuno, Betina no dejó de buscar atención. Incluso le sirvió comida a Almendra, actuando como si fueran las hermanas más unidas del mundo, algo que a Almendra le resultó tan desagradable que ni siquiera se molestó en responderle.
Finalmente, al terminar de comer, Simón fue el primero en sacar una carta de nombramiento y se la entregó a Almendra con una amplia sonrisa.
—Alme, ayer tu mamá me dijo que te interesa el diseño de modas. Te doy esta pequeña empresa para que te entretengas. No importa si genera ganancias o no, tómalo como una práctica.
Al escuchar eso, la sonrisa triunfante de Betina se congeló en su rostro.
¿Qué? ¿Su papá le había dado una empresa a Almendra para que «se entretuviera»?
Almendra asintió y tomó la carta.
—Gracias por su confianza, papás. Haré mi mejor esfuerzo para dirigir la empresa.
—¡Ja, ja, ja! ¡Esa es mi hija! Tan joven y ya con tanto talento —rio Simón a carcajadas.
Frida también sacó una tarjeta negra y se la ofreció a Almendra.
—Alme, aquí tienes un poco de dinero que te damos tu papá y yo. Es una recompensa por haber salvado a tu abuelo ayer.
Como Betina estaba presente, Frida no dijo cuánto dinero había en la tarjeta para no herir sus sentimientos.
—Tengo dinero. Guarden la tarjeta. —Almendra la devolvió frente a Frida.
Frida insistió, volviendo a dársela.
—De ninguna manera. Es tu recompensa. Si no hubieras actuado a tiempo con tus conocimientos médicos para salvar a tu abuelo, las consecuencias habrían sido terribles. Es solo un poco de dinero, acéptalo.
Yago también carraspeó, algo incómodo.
—Si tus padres te lo dan, tómalo. No queremos que la gente ande diciendo que la hija del hombre más rico del país no tiene ni para sus gastos.
Betina no podía creer que el abuelo estuviera defendiendo a Almendra. Lo miró, sintiéndose traicionada, y una fuerte sensación de inseguridad la invadió. ¡Sentía que Almendra, tarde o temprano, también le arrebataría a su abuelo!
¡No! ¿Cómo podía permitirlo? Desde pequeña, quien más la había consentido era su abuelo. ¡El abuelo era solo suyo!
Almendra miró al anciano y dijo con calma:

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