Betina no quiso seguir humillándose y regresó a su habitación con Liliana, cabizbaja.
Estaba claro que habían subestimado a Almendra. En el futuro, no podían ser tan descuidadas. Tenían que planear sus movimientos con mucho cuidado.
***
Después de probar el helicóptero, Almendra quedó muy satisfecha.
Tal como esperaba de sus padres biológicos: cuando hacían algo, lo hacían a lo grande. Hasta el helicóptero que le compraron era uno de los diez mejores del mundo. Ricos de verdad.
—Papá, mamá, gracias por el regalo.
—Con que te guste es suficiente, Alme.
—Bueno, entonces iré a echar un vistazo a la empresa.
Ya que había aceptado la responsabilidad, tenía que tomarla en serio.
Simón y Frida asintieron. Estaban a punto de responder cuando el mayordomo anunció:
—Señor, señora, ha llegado el señor Mauricio, de la familia Ortega. Dice que el señor Esteban lo envió para pedirle a la señorita Almendra que vaya al hospital a revisar al señor Fabián.
Ambos se miraron y luego a Almendra.
—Alme, ¿qué tal si no vas a la empresa hoy?
El señor Esteban había enviado a Mauricio en persona, así que no podían negarse.
Almendra lo pensó un momento y asintió.
—Está bien.
De vuelta en la casa principal, Mauricio, alto y delgado, esperaba en la sala de estar. Llevaba una chamarra de piel negra, pantalones de mezclilla y botas tipo militar, irradiando un aire rebelde y audaz.
Al ver llegar a Simón, Frida y Almendra, se acercó cortésmente para saludarlos y explicar el motivo de su visita.
Simón rio.

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