Betina dijo eso a propósito para que Kino se diera cuenta de que Almendra antes lo despreciaba y ahora, convenientemente, quería quedar bien. ¡Qué asco!
¡Quería que el maestro viera la verdadera cara de Almendra!
Así, el maestro jamás aceptaría enseñarle.
Pero en cuanto Betina soltó esas palabras, todos se quedaron pasmados, mirándola como si fuera estúpida.
¿Tenía idea de lo que estaba diciendo?
A Lucía también le pareció ridículo lo que dijo Betina y le preguntó con tono irónico: —¿No sabes que tu hermana toca el piano?
Lucía sabía que a Almendra le gustaba el perfil bajo, ¡pero esto ya era exagerado! ¿Ni siquiera su familia sabía que era la Maestra de la Melodía?
Betina escuchó a Lucía y casi se ríe.
¿Almendra tocando el piano?
Jajaja.
Seguro Almendra estaba inventando cuentos otra vez.
Almendra era así, le encantaba presumir de lo que no tenía.
¿De verdad creía que su maestro y la presidenta eran fáciles de engañar?
—¿Qué? ¿Mi hermana toca el piano? Presidenta, ¿no se estará confundiendo? Mi hermana no sabe ni jota de piano.
Al decir esto, todos soltaron la carcajada.
Betina creyó que se reían porque había desenmascarado a Almendra, pero sintió algo raro en las miradas de los demás.
¿No era eso?
—Betina, tu hermana... sí sabe tocar el piano —se apresuró a aclarar Frida, para que Betina no siguiera haciendo el ridículo.
Pero Betina puso cara de incredulidad: —¿Cómo va a ser, mamá? ¿Ustedes la han escuchado tocar?
Liliana también llegó corriendo y soltó de sopetón: —Es verdad, señora, señor. Desde que la señorita Almendra regresó a casa, jamás la hemos visto acercarse al piano.


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