Al escuchar esas palabras de Betina, todos pusieron cara de alivio.
Cristian asintió con aprobación:
—Qué bueno que pienses así. La familia Reyes puede mantenerte sin problemas, haz lo que quieras hacer, el estudio es lo primero.
Betina asintió solemnemente:
—¡Sí!
Sus cuatro hermanos mayores eran unos genios, y ni se diga de Almendra, que a su misma edad ya había logrado cosas que otros no harían ni en varias vidas.
Así que lo pensó bien: quería aprender de Almendra, mejorar sus habilidades y no quedarse tan atrás de ella.
De vuelta en su habitación, Betina soltó un largo suspiro.
De repente sintió que había encontrado un nuevo objetivo y motivación.
Sin embargo, Liliana, que siempre la había apoyado, cerró la puerta y se acercó a ella con cara de angustia:
—¡Señorita Betina, estás cometiendo un error!
Betina pareció adivinar lo que pensaba Liliana y suspiró con resignación:
—Liliana, de verdad, ahorita no quiero saber nada de novios.
En su corazón no podía olvidar a Fabián, no podía aceptar a otro hombre.
Y además, si Lorenzo no tenía interés en ella, ¿para qué humillarse sola?
Liliana estaba tan desesperada que no sabía ni qué decir. Le tomó un buen rato calmarse antes de decir con paciencia:
—Señorita Betina, si no aprovechas ahora que sigues en la familia Reyes para asegurar tu entrada a la familia Ortega, en el futuro… ¿cómo vas a conseguir casarte con una buena familia como esa?
—Liliana, tampoco es que a fuerza me tenga que casar con un Ortega. Tengo 18 años, puedo esperar a entrar a la universidad para pensar en matrimonio.
—Pero… ¿cuánto tiempo crees que podrás quedarte en la familia Reyes?
Betina lo pensó:
—Mis papás dijeron que seguiré siendo hija de los Reyes, así que me puedo quedar el tiempo que quiera.
Liliana se dio una palmada en el muslo, frustrada.
—Pero señorita Betina, con la relación que tienes con la señorita Almendra, ¿crees que ella va a dejar que te quedes tanto tiempo?

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