Así que esa noche, sin importar a qué precio llegara la Muira Puama Real, tenía que conseguirla para llevársela a Fabián. Estaba segura de que, si él veía lo mucho que se preocupaba por él, se conmovería.
—¿Qué? ¿El señor Fabián se lastimó la pierna?
—Sí.
Laura suspiró.
—Con razón viniste tú misma. Su relación es increíble. Betina, ¿cuándo se van a casar?
El nombre de Fabián era conocido no solo en La Concordia, sino en todo el país e incluso en el extranjero. Era una figura muy importante.
Laura se sentía muy orgullosa de que su mejor amiga tuviera un prometido tan poderoso e influyente.
Betina se sonrojó.
—Laura, ¿qué dices? Apenas tengo dieciocho años, no hay prisa por casarse.
Laura la molestó.
—¿Segura que no tienes prisa? ¿Quién es la que no para de hablarme de lo maravilloso que es el señor Fabián?
—¡Ay, ya, Laura, no te burles de mí!
***
Mientras tanto, en el palco número 9.
Susana estaba de pie junto al ventanal de cristal, observando el grandioso y misterioso salón de subastas. Estaba fascinada.
Hasta ahora, solo había oído hablar de los mercados negros y las subastas en novelas o en la televisión. Nunca imaginó que un día estaría en uno.
Se arrepentía profundamente de que sus padres no hubieran descubierto antes que Almendra era una impostora. ¿Por qué tuvo que pasar dieciocho años sufriendo en ese pueblo olvidado de la mano de Dios?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada