Carmen era su representante y ambas conocían el carácter de la otra.
A Almendra no le gustaba participar en invitaciones aburridas a programas ni en ese tipo de colaboraciones, y Carmen lo sabía, así que siempre le seguía la corriente.
Pero esta vez...
Carmen carraspeó un par de veces:
—Ni modo, ¿qué puedo hacer si el que me lo pidió esta vez es mi exnovio?
Almendra se quedó muda. ¿De verdad?
—¿Donde hubo fuego cenizas quedan? —preguntó.
Carmen chasqueó la lengua:
—Para nada, yo no reciclo basura. Es solo que ya me invitó a comer y no quiero deberle nada.
—Pues invítale tú la comida y ya, ¿no?
Carmen casi se le arrodilla a Almendra:
—Bebé, por favorcito.
Almendra tuvo que asentir:
—Está bien, 5 minutos.
Carmen se emocionó al instante:
—¡Eso! Mándame la dirección, bebé.
Al colgar, Almendra le envió la ubicación a Carmen y se sentó en un banco del quiosco de descanso junto a CASA ALMA.
Cuando Marcelo recibió la dirección, miró a Leo con sorpresa:
—Retiro lo dicho, todavía tienes tu encanto.
Leo hizo un sonido de aprobación:
—Apúrate y ve, si lo logras o no ya depende de ti.
Después de disfrazarse un poco, Marcelo condujo su propio carro para ver a Noa.
Llegó al destino según la dirección, estacionó el carro, se ajustó la gorra y el cubrebocas, y tras asegurarse de que no hubiera paparazzi siguiéndolo, bajó del vehículo.
A lo lejos, vio a una chica vestida casi igual que él, con gorra y cubrebocas, sentada en el banco del quiosco con una postura relajada, mirando su celular. Por lo que parecía, estaba jugando un videojuego.
Se extrañó un poco. ¿Esa chica sería Noa?
Miró alrededor, pero no había nadie más.
Con dudas, se acercó a Almendra. La chica seguía con la cabeza agachada jugando, como si no hubiera notado su presencia.

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