Al escuchar esto, Rodrigo pensó que era una buena idea.
Después de todo, era su único hijo varón. Había logrado regresar de las puertas de la muerte, así que había que organizar un banquete para celebrar.
—Está bien, te encargo la fiesta de cumpleaños de Braulio, para espantar la mala suerte.
Desde el accidente de Braulio, a la familia Farías no le había pasado nada bueno. Ahora que Braulio estaba casi recuperado y cumplía años, había que festejarlo.
Esas palabras le supieron mal a Susana.
Ambos eran sus hijos, pero la actitud hacia ellos era totalmente diferente.
Siendo ellos tan machistas, si ella no luchaba por sus propios intereses, ¿cómo viviría en el futuro?
***
Almendra acompañó a la señora Pilar en el hospital hasta las 6 de la tarde y luego regresó a la casa de los Reyes.
Al girar hacia la villa de los Reyes, un deportivo le quiso ganar el paso.
Como ambos iban rápido, si ella no se hubiera quitado a tiempo, probablemente habrían chocado.
El otro bajó la ventanilla y ella también. Sus miradas se cruzaron y ambos se quedaron pasmados por un momento.
Almendra seguía con el cubrebocas puesto, y Marcelo también, aunque ya no traía gorra.
Aunque ninguno habló, ambos se reconocieron.
Almendra frunció el ceño. ¿Este tipo la había seguido hasta acá?
Marcelo también estaba extrañado, sonrió y saludó primero:
—¿La señorita Noa también vive por aquí?
Almendra asintió:
—Ajá.
Marcelo:
—Pasa tú primero.
Almendra no se hizo del rogar, giró el volante y se adelantó.
Marcelo la siguió, sintiéndose cada vez más raro. Cuando vio que Almendra metía el carro directamente por el portón de su propia casa, se quedó helado.
¿Qué significaba esto?
¿Noa entró a su casa?
¿O acaso Noa conocía a su familia?
Con dudas, Marcelo también metió el carro.
¿Su hermana biológica era la misteriosa reina del pop?
—Hermanita... —Marcelo estaba tan nervioso y emocionado que por un instante no supo qué decir.
Frida resopló y le recordó:
—Marcelo, ¿le trajiste regalo a tu hermana o no?
Marcelo reaccionó y respondió apresuradamente:
—Traje, traje.
Marcelo corrió a abrir la cajuela; estaba llena de marcas de lujo, obras de arte de famosos traídas del extranjero y peluches súper lindos que les gustan a las chicas. Todo amontonado hasta el frente del carro.
—Hermanita, no pude traer mucho al regreso, esto es solo un pequeño regalo de bienvenida. Mañana tu hermano irá a escogerte más cosas.
Marcelo sentía sinceramente que sus regalos no eran suficientes. Eran cosas que les gustan a las jovencitas, pero su hermana era una estrella del pop, ¿qué regalos no habría visto ya?
Almendra soltó una risita:
—No hace falta escoger más, esto ya es demasiado.
Frida se acercó a mirar y dijo al instante:
—Marcelo, la próxima vez que le regales a tu hermana, escoge otras marcas. Veo que trajiste muchas cosas de CASA ALMA.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada