—¡Quién iba a pensar que esa vieja bruja tuviera tanta lana! ¡Sin contar las acciones de la empresa, tenía dieciséis mil millones! —Valeria había esperado esto por años, y al fin tenía en sus manos los bienes privados de la anciana; vaya que les había costado trabajo.
Rodrigo también estaba emocionado:
—Cuando vendamos una parte de las acciones de la empresa, tendremos otros diez mil millones y pico. Con esto, por fin podremos tapar el agujero de la compañía.
Susana tampoco esperaba que la abuela tuviera tantos bienes y dijo con cierto resentimiento:
—La abuela tenía tanto dinero y se lo dejó todo a Almendra, de verdad que era demasiado parcial.
Susana no entendía, ella era la nieta biológica, pero la abuela parecía haber sido embrujada por Almendra, empeñada en dejarle su herencia a ella.
Valeria soltó un bufido:
—Ahora todos los bienes del testamento son nuestros, no tienen nada que ver con Almendra.
Rodrigo también se enderezó, suspirando:
—Todo esto me pertenecía desde el principio. Soy su único hijo biológico, es lógico que yo herede estos bienes.
Susana sonrió:
—Papá, mamá, acordamos que de los bienes de la familia Farías, la mitad sería para Braulio y la otra mitad para mí.
De repente, las sonrisas radiantes de Rodrigo y Valeria se congelaron.
Susana miró a Valeria:
—Mamá, me lo prometiste, ¿no se te habrá olvidado?
Valeria apretó los dientes con rabia, pero forzó una sonrisa:
—Susana, lo que te prometimos no lo vamos a incumplir. En el futuro, todos los bienes de la empresa serán para ti y para Braulio.
—Pero ahora ando corta de dinero, lo que tenía lo usé para pagar las deudas de la empresa.

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