Fabián se quedó atónito un momento; al parecer no se esperaba que, a los ojos de Marcelo, él hubiera sido un tronco sin sentimientos en el pasado.
Pero pronto respondió con una sonrisa:
—Seguiré esforzándome para ganarme la aprobación de todos.
Marcelo estaba realmente impactado al ver a Fabián bajar tanto la guardia.
Antes, ¿cuándo había mostrado Fabián una faceta así?
Siempre andaba con la cara larga, con esa expresión de «soy el mejor del mundo, no me molesten, no se me acerquen».
Por eso la alta sociedad de La Concordia le había puesto el apodo de «El Verdugo de Cara Fría».
Pero ahora...
Frente a ellos, parecía otra persona. ¿Sería ese el poder del amor?
Simón también salió a recibir a Fabián:
—Fabián, no te quedes ahí parado afuera, pasen a la casa para platicar.
Frida volvió a lanzar una mirada fulminante a Marcelo; de no ser por él, ya habrían invitado a pasar a la visita.
Marcelo no podía estar más indignado. ¿Qué significaba esto?
O sea, ¿ahora que hay yerno, el hijo pierde el favor de la familia?
Todos entraron a la casa y justo vieron a Betina bajando las escaleras con su vestido de gasa azul, con su largo cabello negro ondulado y un maquillaje exquisito; a primera vista, se veía tan hermosa como un hada azul.
Al ver a Fabián, exclamó con sorpresa y alegría:
—Llegó Fabián.
Fabián levantó la vista y no pudo evitar mirarla un par de segundos más.
El corazón de Betina se aceleró de golpe. No esperaba que Liliana tuviera razón; Fabián realmente la había mirado un poco más.
¿Será que arreglada así se veía muy bonita?
Almendra vio a Betina vestida de esa manera y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.
Simón notó que el vestido de Betina era de CASA ALMA y le preguntó a Almendra:
—Alme, ¿el vestido que trae Betina lo diseñaste tú?
Almendra asintió.
—Sí.

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