—¡Es ella! ¡Es ella! ¡Es Almendra! He visto fotos de cuando ganó premios académicos; aunque era pequeña, se parece mucho, debe ser ella —dijo emocionado uno de los estudiantes que daba la bienvenida.
—¡No puede ser! ¿El primer lugar nacional es tan hermosa? Qué envidia.
—¿Cómo le hace para tener cerebro y belleza al mismo tiempo?
—Nuestra Universidad Médica La Concordia se lució al reclutar al primer lugar nacional, ¡le ganamos a la Universidad La Concordia y a la Universidad Central de Valparaíso!
—Tengo para presumir esto hasta que me gradúe.
Mientras todos elogiaban a Almendra, una voz femenina y clara resonó: —Si Almendra tiene tan buenas calificaciones, ¿por qué las ocultaba?
» En la prepa reprobaba a propósito. Con esa mente tan retorcida, yo no me atrevería a juntarme con ella; capaz que un día me mata y ni me entero.
Todos voltearon y vieron a una chica con un vestido azul largo, cabello hasta la cintura y facciones muy llamativas, mirando con desprecio hacia Almendra.
—Es Isidora Vargas —susurró alguien.
—¡Cielos! ¿Ella también vino a la Universidad Médica La Concordia?
—Con la gente de la familia Vargas es mejor no meterse. Vamos a registrarnos a los dormitorios.
Quienes conocían la situación en La Concordia bajaron la cabeza y dejaron de chismear.
La familia Vargas era muy influyente en La Concordia e Isidora, la hija menor, era la consentida de la familia.
—¿Verdad que sí? Escuché que por sus payasadas le hizo la vida imposible a su escuela y a sus maestros —dijo Lorena, una amiga rica que acompañaba a Isidora.


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