Elvira bajó la mirada con algo de culpa, sollozando:
—Estaba platicando con mis compañeras y de repente le dio un ataque de locura y me echó el agua.
—Ni tú te crees lo que estás diciendo —la miró Almendra con burla.
Loreto, al ver esto, se dirigió de inmediato a Aurora y Natalia:
—Ustedes dos, digan qué pasó realmente.
Aurora estaba arrepentidísima.
Si no hubiera sido por su bocota preguntándole a Almendra si era su novio, las cosas no habrían llegado a este punto.
—Maestra, fue... fue Elvira...
Aurora estaba en un dilema. La culpa sí era de Elvira, por decir sin pruebas que Almendra vendía su cuerpo y que la mantenían.
—¿Elvira? ¿Elvira?
Loreto reaccionó de golpe y miró fijamente a Elvira.
Elvira enderezó el pecho al instante y asintió con orgullo:
—Maestra, yo soy Elvira.
¡Elvira, la chica genio de la familia Sandoval, la familia de médicos de La Concordia!
Loreto había oído hablar de Elvira; era alguien a quien no se podía ofender.
Así que, sin esperar a que Aurora continuara, se volvió inmediatamente hacia Almendra:
—Tú, discúlpate inmediatamente con Elvira y deja su cama, su escritorio y sus libros tal como estaban. Si lo haces, dejaremos esto así.
Aurora y Natalia se quedaron pasmadas. ¿Qué dijo la maestra?
¿Ni siquiera preguntó bien y ya quería que Almendra se disculpara con Elvira?
La frialdad en los ojos de Almendra se intensificó. Miró a Loreto:
—¿Miedo de ofender a la familia Sandoval?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada