Al ver la respuesta de Almendra, Fabián se sintió decepcionado. ¿La chica seguía sin querer verlo? ¿Acaso era un monstruo? No parecía una persona miedosa. ¿Será que no le gustaba?
Fabián se sumió en un mar de dudas. Esa noche, estaba claro que no podría dormir.
***
Almendra por fin se había librado de Fabián. Apenas dejó el celular, volvió a sonar. Lo tomó y, al ver quién era, su expresión se endureció.
Justo antes de que la llamada se cortara, contestó. La voz furiosa de Valeria estalló al otro lado como un petardo.
—¡Almendra! ¡Mocosa malagradecida y venenosa! ¿Cómo te atreviste a pegarle así a Susana? ¡Te criamos por dieciocho años y no te pedimos nada a cambio, y así nos pagas! ¡No tienes corazón!
Esa noche, Susana había llegado a casa con la cara hinchada, llorando y exagerando la agresión de Almendra. Valeria, indignada, no dudó en llamarla.
Almendra soltó una risa fría.
—¿Estás segura de que ustedes me criaron?
Valeria se quedó sin palabras por un segundo, pero enseguida recuperó su tono arrogante.
—¡Malagradecida! ¡Tu padre Rodrigo y yo nos partíamos el lomo trabajando para mantener a la familia! ¿Acaso teníamos tiempo para cuidarte? ¡Si no te hubiéramos dejado con la abuela, te habrías muerto de hambre!
Pero Almendra no se tragó el cuento.
—Si no fuera por mi abuela, probablemente sí me habría muerto de hambre o de frío. Lo que soy hoy no tiene nada que ver con ustedes, así que no intentes manipularme con tus supuestos sacrificios.
—¡Eres una malagradecida, Almendra! ¡De haber sabido, te habría dejado en la calle a tu suerte en lugar de con la abuela! —gritó Valeria, fuera de sí. Si Almendra hubiera estado frente a ella, la habría abofeteado hasta matarla.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada