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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 84

Todos guardaron silencio.

Esto…

Si operaban sin el consentimiento de la familia y algo le pasaba al paciente, el hospital tendría que asumir la responsabilidad. Y no se trataba de cualquier persona, ¡era el padre del hombre más rico del país!

No podían permitirse ese riesgo.

Tobías lo entendía, pero ¿acaso iban a quedarse de brazos cruzados viendo cómo Yago Reyes dejaba de respirar?

—¡Preparen la cirugía! —ordenó también el profesor Edgar.

Todos se quedaron helados.

—Cualquier responsabilidad, la asumo yo —declaró Tobías.

El asombro se apoderó del equipo.

De repente, una voz clara y firme se escuchó:

—Yo me encargo.

Todos se giraron, perplejos, para ver a una joven con uniforme estéril que se acercaba con la espalda recta.

Se miraron entre ellos. ¿Quién era? Parecía que nadie la había visto antes.

Almendra llevaba un cubrebocas que solo dejaba ver un par de ojos de un color avellana tan hermoso que desafiaba toda descripción. Tobías, sin embargo, se quedó paralizado, completamente atónito.

—Maes…

—Doctor Tobías, usted será mi asistente.

Almendra, sin más preámbulos, se acercó y sacó un estuche de agujas de plata.

El equipo no entendía nada. ¿Qué significaba eso?

Tobías parecía emocionado, pero logró contenerse. Asintió con un tono respetuoso.

—Sí.

—Usted, salga de aquí inmediatamente —ordenó el profesor Edgar, enfadado. ¡Sentía que esa chica solo había venido a jugar!

—Profesor Edgar, yo respondo por ella. Si algo sale mal, yo asumo la responsabilidad —intervino Tobías.

Esto enfureció aún más al profesor Edgar.

—Tobías, ¿la conoces? ¿Qué relación tienen? ¿Qué te hace pensar que ella puede realizar esta cirugía? ¡La persona en esa mesa no solo es alguien importante, es una vida humana! ¿Y ustedes se lo toman a broma?

Apenas terminó de hablar, Almendra insertó otra aguja en el punto entre el pulgar y el índice de la mano del anciano.

—¡Usted! —exclamó el profesor Edgar, con la mirada encendida.

Almendra lo miró por un segundo y continuó insertando agujas en otros puntos de acupuntura mientras explicaba:

—Este señor consumió simultáneamente maca milenaria, uña de gato milenaria y He shou wu milenario, tres potentes reconstituyentes. Su organismo está demasiado débil para asimilar tantos nutrientes, lo que le provocó insuficiencia cardíaca y renal agudas, disfunción hepática y una subida drástica de la presión y el azúcar. La cirugía es necesaria, pero antes hay que eliminar los residuos metabólicos del cuerpo, reducir la carga sobre sus órganos y equilibrar su energía para que no haya ningún riesgo.

Resultó que Betina también había ido a la subasta el día anterior. Gastó cincuenta millones en tres tesoros milenarios, los puso a hervir en una olla con agua y se los sirvió al abuelo y a sus padres. Y ellos, sin preguntar, ¿se lo bebieron así nada más?

***

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