Almendra guardó silencio un par de segundos, sin responder de inmediato.
—Alme —continuó Frida—, ya me enteré de lo que pasó anoche. Lorenzo dice que el asunto llegó hasta su oficina y quiere hablar contigo en persona para decidir qué hacer.
Frida sabía que a su hija le gustaban las motos, pero no tenía idea de que fuera tan buena. De hecho, ese día había visto por casualidad el video viral de los tres tipos de Tierra de la Cruz corriendo desnudos. En su momento, con tantos comentarios, se preguntó si habrían perdido una apuesta. Jamás imaginó que así había sido, y que la persona que los había vencido era su propia hija. No solo había humillado a ese tal Neil, sino que lo había hecho con estilo. ¡Era increíble, genial!
—De acuerdo, llego en diez minutos —cedió Almendra, sin más opción.
—¡Qué bien, Alme! Conduce con cuidado, no te apresures —dijo Frida, encantada.
—Entendido.
Tras colgar, Almendra abrió la aplicación de streaming. Solo de Fabián, tenía más de 99 mensajes sin leer.
[Alme, ¿cuándo nos vemos?]
[¿No quieres recuperar tu dije?]
[Aunque intentes evitarme, te encontraré.]
[¿Ya cenaste?]
[¿Vas a transmitir esta noche?]
[¿Tanto miedo me tienes que te escondes?]
[Tranquila, no te voy a morder.]
Eran tantos que Almendra ni siquiera se molestó en leerlos todos. ¿Tan desocupado estaba Fabián?, se preguntó. Aunque estuviera recuperándose de una herida, ¿de verdad no tenía que ocuparse de su enorme empresa?
En fin…
Dejó el celular a un lado. Dada la relación entre ambas familias, era inevitable que se encontraran tarde o temprano. No podía seguir evitándolo. Además, no había hecho nada malo, ¿por qué esconderse?
Recogió sus cosas, apagó la computadora, se colgó la mochila y salió de la oficina. Al abrir la puerta, casi choca con alguien. Por suerte, se detuvo a tiempo.

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