—¡Ah!
El pelotazo en la cabeza hizo que Kiara viera las estrellas. Se tambaleó con violencia y por poco pierde el equilibrio.
En las gradas se armó un alboroto.
Algunos elogiaban la habilidad de Aldana con la pelota, otros decían que tenía la mano dura.
Y no faltó quien cuestionara la falta de destreza de Kiara.
El lugar se llenó de murmullos, como si se hubieran metido en una jaula de monos.
—¡¡¡Aldana!!!
Tras recuperarse, Kiara se cubrió la frente y miró con furia a Aldana.
—Aquí estoy —dijo Aldana, levantando la regadera abollada con una leve sonrisa en los labios, en un tono que no era ni de burla ni de seriedad.
—¡Estás haciendo trampa! —rugió Kiara con rabia, su expresión se tornó feroz.
—¿Ah?
Aldana parpadeó, con un tono inocente en su voz—: ¿Kiara Cárdenas dice que usar una regadera en el partido es hacer trampa? ¿Pero no fuiste tú la que estuvo de acuerdo?
—Si quieres, podemos cambiar. Yo uso la raqueta y tú la regadera, ¡te prometo que no diré ni pío!
—Kiara, ¿quieres hacer el cambio? —intervino también el árbitro.
—¡No!
Kiara se quedó boquiabierta y tardó un buen rato en pronunciar esas dos letras.
Había subestimado a su oponente. Lo de Aldana había sido un golpe de suerte.
Ahora sí.
Se concentraría y le daría su merecido.
***
El partido se reanudó.
La pelota de tenis volaba por el aire en todas direcciones, a veces a toda velocidad, a veces con una lentitud exasperante.
Pero no importaba cómo la lanzara, Aldana siempre lograba recibirla con firmeza usando su «regadera».
Cuando la devolvía, Kiara usaba hasta la última gota de su energía, con movimientos exagerados.
Y al final…
No podía devolverla.
La pelota la golpeaba en distintas partes del cuerpo: la cara, la frente, el hombro, la pierna...
¡Pum!
¡Plas!
¡Pum!
¡Zas!


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector