La capital.
Aldana y Rogelio lograron deshacerse de la gente de El Refugio y se dirigieron directamente a la Liga de Hackers.
—Extrae lo que hay adentro —dijo Rogelio, entregándole la microcámara a Iván antes de llevar a Aldana a una habitación.
Les tomó un buen rato quitarse las máscaras y el maquillaje.
¡Plas!
Rogelio arrojó la máscara de Sombra sobre la mesa con evidente asco, dejándola boca abajo.
No quería ver la cara de ese «afeminado» ni un segundo más.
—¿Lista? Vámonos.
Aldana se puso ropa limpia y, justo cuando se disponía a salir, sintió que alguien la agarraba de la muñeca.
«¿Eh?».
Se detuvo y miró al hombre con extrañeza.
—Lo que me prometiste esta mañana. —Rogelio la rodeó por la cintura e inclinó ligeramente la cabeza—. Anda, ya puedes hacerlo.
—¿Qué cosa?
En ese momento, a Aldana solo le interesaba lo que había en la microcámara.
Rogelio frunció el ceño, señaló sus propios labios y dijo a regañadientes:
—Bésame.
Se había negado por la máscara de Sombra.
Pero ahora que había vuelto a ser él mismo, todavía quería ese beso.
Aldana se quedó mirando a Rogelio, con sus labios rosados ligeramente entreabiertos, y no supo qué decir.
—¿Por qué no dices nada? —Rogelio frunció aún más el ceño, molesto—. Con la cara de Sombra, hasta tomaste la iniciativa. ¿Y conmigo te quedas muda?
—Está bien.
Aldana parpadeó, sintiéndose bastante inocente. Se puso de puntillas y le dio un beso superficial en la comisura de los labios.
—Listo, ¿contento, hermanito? —dijo con aire despreocupado.
—Sí.
Las comisuras de los labios de Rogelio se curvaron hacia arriba. Le tomó la mano y le devolvió el beso.
—Vamos a ver el video.
Aldana lo miró de reojo. No recordaba que fuera tan celoso.
Le causaba una gran expectativa.
Imaginaba cuál sería la reacción de Rogelio el día que descubriera que Sombra era una mujer y que todo este tiempo había estado celoso de una.
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