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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1050

Sábado.

Aldana dormía profundamente cuando el sonido del teléfono la despertó de golpe.

—Abuela.

Rogelio, recostado en la cabecera de la cama, contestó el teléfono mientras acariciaba el rostro de la joven.

—¿Y Aldi? Hemos contratado a un nuevo chef en la mansión que prepara unos salteados espectaculares. Tráela a comer —dijo la anciana con una voz enérgica y un tono de negocios.

—¿Hoy?

Rogelio miró a la chica, que mantenía los ojos cerrados, y bajó la voz.

—Aldi no durmió bien anoche. Hoy…

—¡Rogelio, eres un bestia!

Antes de que Rogelio pudiera terminar, la anciana estalló en un grito.

—¿Cuántos años crees que tiene Alda? ¿Cómo te atreves a agotarla así? Yo…

—Abuela, ¿qué cosas estás pensando? —Rogelio se masajeó las sienes, resignado—. Aldi estuvo jugando videojuegos, no otra cosa.

—Ah.

La señora respiró aliviada y luego lo regañó en un murmullo:

—Ten más cuidado.

»Bueno, da igual. Pásame a Aldi, hablaré directamente con ella.

—De acuerdo.

Rogelio puso el teléfono en altavoz.

—Abuela.

Aldana, todavía medio dormida, respondió con una voz perezosa y dulce que reconfortaba el corazón de cualquiera.

—Mi Alda.

Al oír la voz de Aldana, el humor de la anciana cambió más rápido que una veleta. Su tono se volvió tierno.

—Tu tía abuela Brunilda y yo hemos preparado un montón de cosas ricas. Tienes que venir hoy, ¿eh?

—Gracias, abuela. Iré por la tarde —respondió Aldana con docilidad.

—Estupendo, aquí te espero.

Una vez terminada la conversación, Rogelio colgó el teléfono, volvió a acostarse y abrazó a Aldana. Con un tono serio, le dijo:

—Esta noche no te vuelvas a desvelar.

—Tsk.

Aldana lo miró de reojo y soltó un par de bufidos.

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