Los hermanos se miraron entre sí, sintiendo una mezcla de alivio y profundo dolor por ella.
—Ha sido un día de mucha angustia, descansen temprano —Aldana tomó la mano de Rogelio y murmuró en voz baja—. Mañana a primera hora volveremos a la capital para ejecutar el plan.
—De acuerdo.
Todos asintieron, notándola tan exhausta que no quisieron hacer más preguntas.
¿De qué trataba el plan?
¡Ya preguntarían al día siguiente!
—
A la mañana siguiente.
Aldana despertó medio aturdida y notó que Rogelio no estaba a su lado.
Miró alrededor de la habitación.
Encontró la silueta del hombre en el balcón.
Rogelio llevaba una bata de baño, tenía el cabello alborotado y el rostro serio. Estaba hablando por teléfono.
—Así es, haz exactamente lo que te ordené —la voz de Rogelio era baja y autoritaria—. Filtra la información. Di que no asistiré a ninguna de las reuniones importantes en estos días.
—¿El motivo? ¡Solo di que tengo asuntos urgentes que resolver!
Lo que especulara el público le tenía sin cuidado.
Lo importante era hacerle creer a El Refugio que Fantasma había ordenado su asesinato.
—Mm.
Rogelio se giró y se dio cuenta de que la chica había despertado y lo observaba en silencio.
Dio un par de instrucciones más y colgó.
Luego se acercó a Aldana y le entregó un vaso de agua tibia que ya tenía preparado.
—Todo está listo, podemos regresar a la capital en cualquier momento —dijo Rogelio, acariciándole el cabello con ternura.
—¿También arreglaste lo del Submundo? —preguntó Aldana, sosteniendo el vaso con ambas manos, su voz algo ronca.
—Sí.
Rogelio asintió con una leve sonrisa.
—La orden de asesinato del Submundo ya fue emitida.
—Vaya, qué obedientes te salieron —murmuró Aldana, frunciendo los labios.
Oye, la jefa ahí era ella.
Pero, pensándolo bien...
Emitir una orden para asesinarse a sí misma.
Era bastante trágico.
Decidió no discutir con él por eso.
—Todo es gracias a ti —la comisura de los labios de Rogelio se curvó hacia arriba mientras levantaba a Aldana en brazos y la llevaba al baño.
La ayudó a lavarse los dientes y la cara. Poco le faltó para ayudarla a ir al baño también.
—¿Qué haces?

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