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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1141

...

Aldana sentía la garganta seca y un ardor punzante en los ojos.

Justo cuando iba a hablar...

Las puertas del quirófano se abrieron de golpe y el médico salió a toda prisa.

—La situación del Sr. Rogelio es extremadamente compleja. Los equipos de este hospital son insuficientes, lo mejor será trasladarlo al Hospital de Lucero de inmediato.

...

Al escuchar las palabras del doctor, Brunilda Vargas se tambaleó y casi se desploma. Por suerte, Feliciano Lucero la sostuvo a tiempo.

—Ya está todo arreglado. Inicien el traslado de inmediato —ordenó Feliciano con expresión sombría.

Muy pronto.

Rogelio Lucero fue sacado del quirófano en una camilla.

Tenía tubos conectados por todo el cuerpo, una mascarilla de oxígeno sobre el rostro y la cabeza completamente vendada, con manchas de sangre que traspasaban la gasa.

Rogelio mantenía los ojos cerrados, recostado inmóvil sobre las inmaculadas sábanas blancas.

De no ser por el monitor que aún registraba sus latidos, cualquiera que viera esa escena dantesca habría dado por hecho que ya no respiraba.

En el lugar reinaba el caos: médicos, enfermeras, guardaespaldas y familiares.

Todos eran un manojo de nervios.

—Presidente Lucero, la ruta de salida ya está despejada —informó Eliseo, llegando a paso acelerado y sin aliento.

—Bien.

Feliciano le dio una mirada al médico, y de inmediato comenzaron a trasladar a Rogelio hacia el estacionamiento.

—Aldi...

Brunilda notó que Aldana seguía de pie en el mismo lugar, como si le hubieran arrancado el alma del cuerpo, y no pudo evitar acercarse a ella: —Acompáñalo, estoy segura de que él desearía tenerte a su lado en este momento.

...

Aldana pareció regresar a la realidad. Levantó ligeramente la vista y, tras unos segundos, caminó hasta el borde de la camilla.

Deslizó sus dedos sobre el entrecejo de él y lo acarició con extrema suavidad.

Qué hombre tan estúpido.

¿Qué clase de plan era este? Arriesgar su vida de esta manera... en verdad había cruzado la línea.

—Vámonos.

Aldana retiró la mano y habló con una voz ronca.

Había demasiados ojos vigilando en ese lugar; quedarse demasiado tiempo solo levantaría sospechas.

Dos horas más tarde.

Ante la atenta mirada de los reporteros, Rogelio fue trasladado al Hospital de Lucero.

Rápidamente.

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