—Qué hombre tan estúpido.
Aldana parpadeó para disipar las lágrimas que amenazaban con formarse y clavó la vista en el rostro magullado del hombre.
Tenía los ojos cerrados y su respiración era constante, pero carecía de toda vitalidad.
—Sabes perfectamente que me enfurece que me mientan —susurró Aldana, mirándolo con frialdad—. Ni creas que te perdonaré tan fácilmente.
—Así que más te vale recuperarte pronto y pedirme disculpas.
—Si no, de verdad me buscaré a un chico mantenido —apretó los dientes, tragándose el nudo que le desgarraba la garganta, con voz firme y resentida—. Es más, me buscaré a muchos. Uno distinto para cada uno de los 365 días del año.
—Y, por supuesto, usaré tu dinero para mantenerlos, solo para matarte del coraje.
...
Rogelio continuaba inmóvil en la cama, sin emitir respuesta alguna.
—Tienes que ponerte bien, rápido.
Aldana le apretó la mano y la apoyó contra su propia mejilla. Su voz salió entrecortada: —¿Si no te recuperas, cómo se supone que me enoje contigo y te reclame por todo esto?
—Rogelio...
Aldana bajó la mirada, ocultando el rostro entre las manos de él, ocultando por completo su expresión de sufrimiento.
—
Del otro lado de la cámara de seguridad.
Brunilda observaba la escena bañada en lágrimas, acurrucándose en los brazos de su esposo.
—Mi amor, ¿nuestro hijo estará bien?
—Lo estará.
Feliciano le acarició suavemente el cabello, consolándola con voz profunda: —La doctora más brillante del mundo no se despega de él ni un segundo. Ni la mismísima muerte podría arrebatárnoslo.
—Mi pobre Aldi...
Las lágrimas de Brunilda caían sin parar, como perlas de un collar roto: —Mi amor, ¿debería entrar a acompañarla?
Aldi siempre había sido una mujer implacable, jamás dejaba ver un atisbo de debilidad ni miedo.
Pero ahora, al ver a Rogelio en ese estado...
Seguramente estaba llorando a solas.
—No vayas.
Feliciano detuvo a su esposa y suspiró levemente: —El doctor dijo que si Rogelio pasa esta noche, estará fuera de peligro. Aldi tiene el corazón roto, déjala que pase este tiempo a solas con él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector