Rogelio intentó moverse un poco, le dolía todo el cuerpo.
Pero——
El dolor en la parte inferior de su cuerpo era mucho más evidente.
No podía distinguir exactamente de dónde venía el dolor.
Aldana no dijo ni una palabra, solo se quedó observando como si estuviera viendo una película, disfrutando de la angustia y el pánico del hombre.
"Aldi..."
Rogelio dudó unos segundos, levantó la mirada hacia Aldana y movió los labios con dificultad: "Yo..."
"Pip, pip, pip".
El tono de llamada del celular interrumpió sus palabras. Aldana se puso de pie, mirando al hombre desde arriba, con una sonrisa sarcástica: "Cuando cambiaste los planes a mis espaldas, debiste prepararte para terminar muerto o lisiado".
"Menos mal que Dios se apiadó de ti y te dejó con vida, solo se dañó..."
Aldana no terminó la frase. A simple vista, se pudo ver cómo el rostro de Rogelio se ponía más pálido a cada segundo, hasta quedar de un tono cenizo.
¿Ahora sí sentía miedo? ¿Arrepentimiento?
¿Por qué no lo pensó antes?
"El Sr. Rogelio debería descansar". Aldana se metió las manos en los bolsillos, arqueó una ceja y dijo: "Aunque otras partes no sirvan, al menos aún tienes esa cara bonita".
"Como el Sr. Rogelio casi pierde la vida, no voy a abandonarte".
¿No iba a abandonarlo?
¿Y entonces para qué estaba viendo fotos de chicos jóvenes?
Al principio pensó que solo estaba enojada y que lo hacía para desquitarse.
Pero ahora que su cuerpo tenía problemas...
¡La novia que tanto le había costado conseguir, seguramente saldría volando!
"Al——"
Antes de que Rogelio pudiera hablar, Aldana tomó su teléfono y salió de la habitación.
Rogelio se quedó acostado en la cama, mirando al techo con la mirada perdida.
Sintiendo que la vida ya no tenía sentido.
Justo en ese momento.
Entró el doctor para cambiarle los vendajes.

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