En la habitación.
Cornelio ya había despertado.
Gracias al descanso de esos días, sumado a la medicina especial que Aldana había desarrollado.
La recuperación de Cornelio había sido asombrosa, y su semblante lucía mucho mejor.
Incluso ya podía sentarse apoyado en la cabecera de la cama para consumir algunos alimentos líquidos ligeros.
*Toc, toc*
Leonardo llamó a la puerta y entró acompañado de Rogelio.
Al escuchar el ruido.
Sania y Cornelio voltearon a ver a Rogelio al mismo tiempo.
—Señor Espinosa, Dra. Verano.
Rogelio vestía una impecable camisa azul marino perfectamente planchada, y llevaba el cabello peinado con sumo cuidado.
Su postura era erguida y sus rasgos faciales, impecables.
Toda su persona emanaba un encanto indescriptible.
¿Amabilidad?
Quizás también había un toque de sutil y relajada elegancia.
Era, sin lugar a dudas, un hombre de una categoría excepcional.
Sania sonrió con satisfacción.
Su hija realmente tenía muy buen gusto.
—¿Tú eres Rogelio? —Cornelio movió los labios y habló con una voz apacible—: Leonardo ya nos contó que te heriste gravemente por intentar salvarnos.
—Te lo agradezco mucho, muchacho.
—Era mi deber. —Rogelio tomó asiento en una silla, manteniendo una actitud respetuosa pero sin perder su porte—: Aldi es mi novia, así que su familia es mi familia.
Aldi.
Su hija seguía desaparecida y no tenían idea de dónde estaba.
Cornelio y Sania cruzaron miradas, y el semblante de ambos se ensombreció.
Esa niña tonta.
Ellos ya habían vivido muchas décadas; a estas alturas, morir o no, daba igual.
¿Qué necesidad había de que ella se intercambiara por sus viejos y desgastados huesos?
—No se preocupen, les aseguro que a Aldi no le pasará nada malo. —A Rogelio se le movió la nuez de la garganta, reprimiendo la amargura de su corazón, y dijo con voz ronca—: Además, Aldi jamás permitirá que le hagan daño.
La chica era tan brillante que nadie podría quitarle la vida fácilmente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector