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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1188

Al ver el pánico en el rostro de Leonardo, Sombra se sintió de maravilla.

Se acercó a propósito.

Su aliento cálido rozó el rostro del actor, provocándole un hormigueo que lo desconcertó por completo.

Al observar de cerca aquel rostro delicado y de tez inmaculada, las pupilas de Leonardo se encogieron y su expresión cambió drásticamente.

¿Acaso "él" no era un hombre?

Tenía una piel perfecta, suave y radiante; era imposible verle un solo poro o arruga.

De hecho, era más hermoso que muchas actrices que vivían metidas en el quirófano.

“¿Qué tanto me miras?” Sombra le guiñó un ojo. Su voz sonó sospechosamente suave y andrógina.

Hombre.

Ella es un hombre.

Al darse cuenta de que se había quedado embobado, Leonardo empujó a Sombra con todas sus fuerzas y se alejó a paso apresurado.

“¿Ya terminaste tus asuntos, Sr. Rogelio?”

Sombra echó un vistazo a Rogelio, quien mantenía su semblante de hielo, y le gritó a la espalda del actor: “¿Te llevo en mi auto, Leonardo?”

Leonardo casi se tropieza y cae de cara al suelo. Apretó los mandíbulas y le gritó: “¡NO!”

“Jajaja...”

Sombra no pudo evitar soltar una carcajada y dijo con tono arrogante: “Tremendo cobarde. Tiembla de miedo, ¡pero aun así se atreve a buscarme pleito!”

“Ahora que Alda no está, ¿aprovechas para acosar a su hermano?” Rogelio tenía las manos en los bolsillos, levantó la mirada y preguntó con voz ronca y cansada.

“Es una oportunidad de oro, no podía desperdiciarla”.

Sombra se encogió de hombros, volvió al lado de Rogelio y respondió con indiferencia: “Además, él es quien nunca aprende y siempre viene a buscarme problemas”.

“Regresemos a la capital”.

Rogelio no tenía paciencia para escuchar sus tonterías. Dio media vuelta y empezó a caminar.

“Han pasado tres días”.

Sombra caminaba detrás de él, con tono mucho más serio: “Si Alda logró que Serafín entregara todas esas dosis de El Antídoto, seguro encontrará la manera de enviarnos un mensaje”.

“¿Y?”

Rogelio continuó caminando, indicándole que prosiguiera.

“¿A quién crees que contactaría?” Sombra lo miró a los ojos. “Apuesto a que será a ti, porque tú eres quien mejor la entiende”.

“Entiendo tu punto”.

Rogelio se detuvo, miró a Sombra y habló con solemnidad: “A partir de hoy, presten atención a todo y a todos los que tengan que ver conmigo o con Alda”.

“De acuerdo”.

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