Rogelio se quedó paralizado, casi incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
¿Era lo que él estaba pensando?
Antes de que pudiera pronunciar palabra, Aldana lo agarró de la camisa y tiró de él hacia el interior de la sala de descanso.
"¡Zas!"
Rogelio fue empujado sobre la inmensa cama, con sus profundos ojos negros muy abiertos, incapaz de creer lo que veía.
Algo que normalmente habría anhelado con desesperación, ahora le daba un poco de miedo.
Aldana apoyó las manos a ambos lados de él y le plantó un beso ardiente en los labios.
"¿De verdad?"
Tres minutos después, Rogelio giró el rostro para tomar aire, con la respiración entrecortada: "¿No tienes miedo?"
"¡Deja de hablar!"
Aldana volvió a sellarle los labios, besándolo de forma ansiosa y fiera.
Los labios de Rogelio terminaron lastimados, haciéndole fruncir el ceño por el dolor.
Aún no tenían mucha práctica.
Sin querer, la mano de Aldana presionó con fuerza el pecho del hombre.
"Agh..."
Rogelio, que aún no se había recuperado del todo de su herida, soltó un quejido, y su rostro palideció.
¿Esta chica quería volverlo loco de deseo, o quería mandarlo directo al otro mundo?
Al escuchar su reacción, la pasión de Aldana se apagó como si le hubieran arrojado un balde de agua fría. Rodó hacia un lado y se acostó a su lado.
Se tumbó completamente rígida, cruzando las manos sobre el estómago y mirando al techo con aburrimiento.
"Qué aburrido."
¿Aburrido?
Rogelio sintió que su orgullo masculino había sido pisoteado y gravemente insultado.
Se limpió la sangre de la comisura de la boca y, justo cuando iba a replicar, sintió que unos brazos lo envolvían.
La joven se inclinó hacia él, rodeando su cintura y escondiendo el rostro en su pecho.
El cuerpo de Rogelio se tensó, pero su instinto fue devolverle el abrazo: "Lo siento."
"¿Mmm?", murmuró Aldana sin levantar la cabeza.
"Mi cuerpo aún no está en las mejores condiciones, perdona por arruinar el momento", Rogelio esbozó una sonrisa perezosa: "Pero no te preocupes, me recuperaré bien. La próxima vez, te prometo que quedarás satisfecha."
"Ya veo", Aldana soltó una carcajada y lo abrazó aún más fuerte. "Estaré esperando esa próxima vez."
"Sí."
La nuez de Rogelio subió y bajó, y su voz se tornó ronca y profunda: "Yo también la espero con ansias."
Pasó una semana.

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