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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1238

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Sombra se despertó adormilada, mirando confundida a Leonardo, que estaba jugando con su celular.

"¿Cuánto llevamos aquí? ¿Por qué no me despertaste?"

Sombra se estiró, levantando ligeramente la barbilla, mostrando su largo y blanco cuello.

"¿Cómo sabes que no te llamé?"

Leonardo apagó la pantalla de su celular, fulminándola con la mirada: "Dormías como un tronco, era imposible despertarte."

"Yo..."

El mal genio de Sombra estaba a punto de explotar, pero recordando que Leonardo la había ayudado, reprimió la ira que comenzaba a arder.

"Gracias, eh."

Sombra se desabrochó el cinturón, abrió la puerta y puso sus largas piernas en el suelo.

Se detuvo un par de segundos.

Luego se dio la vuelta, sacó un billete de quinientos pesos del bolsillo y lo dejó en el asiento del copiloto.

"Buen trabajo, Leonardo; quédate con el cambio y tómate un café a mi cuenta."

Leonardo miró el billete, y luego al "hombre" que sonreía con picardía, cuestionando su propia existencia.

¿Lo habían tomado por chófer o qué?

"Oye, tú..."

Leonardo, con rostro serio, estaba a punto de hablar cuando Sombra ya había salido corriendo a toda prisa hacia el edificio de apartamentos.

¿Se atrevía a llamarla tronco?

¡A ella nadie le faltaba al respeto!

"¡Que no te vuelva a ver!" Leonardo golpeó el volante, furioso, amenazando al aire.

La única respuesta fue el sonido del viento y los llamativos quinientos pesos.

——

Jardín en la azotea.

Aldana comía mientras examinaba el anillo en su dedo.

No era el típico aro redondo, ni tenía un diamante exageradamente grande.

Era una banda sencilla, que parecía estar formada por innumerables enredaderas entrelazadas.

Alrededor de las enredaderas florecían rosas exquisitamente detalladas.

Y en el centro de las flores brillaban pequeños diamantes deslumbrantes.

"¿Lo diseñaste tú?" Aldana levantó la mirada y preguntó.

"Sí."

Rogelio le servía un trozo de pescado, hablando con cariño: "Pequeño, delicado, para que no te estorbe en el día a día."

"Si fuera muy grande te sentirías incómoda, y a los dos días terminaría guardado en un cajón."

Aldana apretó los labios.

La conocía bastante bien.

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