Tomado por sorpresa.
Rogelio se vio obligado a inclinar el cuello y el cuerpo hacia adelante.
Antes de que pudiera reaccionar.
La chica levantó el rostro de golpe y besó sus finos labios.
"Estás borracha".
Los ojos de Rogelio se abrieron de par en par, y con voz ronca le dijo: "Aldi, ¿sabes lo que va a pasar?"
"¿Qué, no te atreves?"
Aldana probablemente seguía bajo los efectos del alcohol, pues sin pensar, soltó: "¿O es que no puedes?"
¿No puedes?
Esas dos palabras, tan altamente insultantes para el ego masculino, cayeron como un rayo sobre la cabeza de Rogelio.
La mirada de Rogelio se oscureció; la tomó en brazos de un movimiento fluido y la dejó suavemente sobre la cama.
El mundo pareció dar vueltas.
La respiración de Aldana fue robada, mientras escuchaba la voz extremadamente ronca del hombre cerca de su oído: "¡Tú lo provocaste, no te arrepientas!"
Lo que siguió...
(Como nadie quiere ser indiscreto, dejaremos esto a la imaginación).
—
Aldana parecía un panqueque en el sartén.
Dando vueltas de un lado a otro.
No supo cuánto tiempo pasó, solo fue consciente de que la noche oscura dio paso a la tenue luz del amanecer.
Y luego.
Su cabeza se sentía pesada, los párpados le pesaban una tonelada, y finalmente perdió el conocimiento.
Mientras Rogelio limpiaba el "desorden" y cambiaba las sábanas, se dio cuenta de que ella ardía en fiebre.
Estaba enferma.
"Aldi..."
Rogelio le palmeó suavemente las mejillas, llamándola en voz baja.
"¿Mmm?"
Aldana abrió los ojos medio dormida; su rostro reflejaba un profundo agotamiento y en su cuello se notaban varias marcas pronunciadas.
¡Maldición!
¡No debió haber perdido el control de esa manera anoche!
"Tranquila". Rogelio la arropó bien, le dio un beso en la frente y se alejó.
Tomó su teléfono, salió al balcón y llamó a Eliseo.
"Eliseo, búscame a un doctor y mándalo para acá. Aldi está enferma".
"¿Aldi está enferma?"

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