"Entonces moriremos juntos."
Respondió Sombra metiendo las manos en los bolsillos, restándole importancia.
Aldana no contestó, solo se quedó mirándola fijamente, bastante disgustada.
"Está bien, está bien."
Sombra se encogió de hombros, dándose por vencida. "Incluso si me meto en una pelea, me aseguraré de salir ilesa, ¿contenta?"
"Fui entrenada por ti, ¿cómo crees que me dejaré ganar?"
Aldana apretó los labios y murmuró: "Espero que eso haya sido un cumplido."
"Se nos hace tarde", advirtió Rogelio, rodeando la cintura de Aldana con actitud celosa.
Ese día ella había hablado con ese tal Sombra casi tanto como con él.
Era un hombre, no necesitaba que Aldana se preocupara tanto por él.
¡Hasta le había comprado una hamburguesa!
Hmph.
Qué tipo tan detallista.
"Tsk."
Chasqueó la lengua Sombra al descubrir los pensamientos de ese viejo zorro. "Nos vamos."
Luego miró al famoso actor y dijo con sarcasmo: "Adelante, Leonardo."
Leonardo la fulminó con la mirada; qué rápido cambiaba de actitud.
"Vámonos."
Leonardo se puso de pie y se colocó la gorra y el cubrebocas para cubrirse por completo.
"¿Si te tapas así, cómo te vas a terminar de comer la hamburguesa?"
Sombra no le quitaba los ojos de encima a la comida, babeando.
Leonardo estaba atónito.
Sombra: "Para que no se desperdicie, dámela."
Al terminar de hablar.
Sombra le arrebató la hamburguesa para evitar que se la quitara de nuevo y se la metió a la boca en grandes mordiscos, inflando las mejillas como una ardilla.
Al ver su actitud tan infantil, Leonardo negó con la cabeza sin poder creerlo y estuvo a punto de soltar una carcajada de nuevo.
Al darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer, la sonrisa en sus ojos se desvaneció y recuperó su típica frialdad: "Camina más rápido."
"Ah."
Asintió Sombra sin enojarse y trotó un poco para alcanzarlo mientras seguía masticando.
Aceptó Rogelio con inusual docilidad, tomando su mano y preguntando en voz baja: "¿Quieres que la ayude haciendo un poco de ruido en Somerlandia?"
"Por ahora no."
Los labios de Aldana se curvaron en una media sonrisa mientras respondía sin prisa: "Sombra aún tiene asuntos importantes que resolver, no podemos interferir."
"Lo que tú digas."
Rogelio ya intuía que la identidad de Sombra no era nada sencilla, pero que había secretos detrás.
Como Aldana no le daba más detalles, prefirió no indagar.
—
Por otro lado.
Apenas subió al jet privado, Sombra comenzó a gritar emocionada.
"¿Un jet privado así de grande?"
"¡Leonardo, tú sí que te das la buena vida!"
¡Leonardo tenía el ceño fruncido y una expresión amargada!
¿Apenas se subía al avión y ya revelaba su verdadera personalidad?
¡Había pasado de llamarlo con respeto a tutearlo con tanto atrevimiento!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector