Leonardo se secó el sudor frío de la frente y caminó descalzo hacia el mini bar.
Solo después de beberse dos vasos de agua helada logró apaciguar el fuego inexplicable que sentía en su interior.
Sombra.
¿Por qué había soñado con Sombra, y además haciendo eso...?
Leonardo apretó el vaso con fuerza y clavó la mirada inexpresiva hacia la ventana.
La escena del sueño no dejaba de repetirse en su mente.
Su voz, su piel, el calor de sus labios.
Había sido demasiado real.
"Ja."
Resopló y se sentó en el sofá. Tomó su cigarrillo electrónico, le dio un par de caladas profundas y exhaló lentamente.
El humo azulado se esparció en el aire, delineando las perfectas facciones de su rostro.
Al parecer, en verdad le urgía conseguirse una novia.
—
En el aeropuerto.
Sombra no llevaba equipaje, solo una moderna mochila cruzada.
Iba vestida con una chaqueta vaquera negra y unos pantalones anchos de estilo muy urbano.
Llevaba el cabello teñido de gris platinado y un arete rojo en la oreja izquierda.
La chica masticaba chicle, con una postura tan relajada como despreocupada, robándose las miradas de muchas chicas jóvenes.
Y de algunos chicos también.
"¡Pop!"
Sombra reventó una enorme burbuja de chicle y saludó: "Buenos días, Leonardo."
Como le estaba pidiendo un favor, no se atrevió a pasarse de lista ni a llamarlo por su nombre en tono burlón.
Leonardo apartó la vista de su teléfono y la fijó en el rostro sonriente de ella.
Notó que la cara de Sombra era muy pequeña, ni siquiera del tamaño de la palma de una mano.
Al sonreír de esa manera tan forzada, se le formaban dos tenues hoyuelos en las comisuras de los labios.
Si no la tuviera tan cerca, jamás lo habría notado.
"¿Hola, hola?"
Al ver que Leonardo la miraba fijamente sin decir nada, Sombra sudó frío.
¿No me digas que este infeliz se arrepintió y piensa dejarme aquí tirada?
"¿Ya desayunaste, Leonardo?", Sombra abrió la mochila y sacó una hamburguesa. "¿Quieres probarla? La preparé yo misma."
¿La preparó ella?
Lástima.
"Está riquísima", probó Aldana dándole el gusto, con una pequeña sonrisa en los labios. "Es muy difícil conseguir mesa en ese restaurante. Qué paciencia tuviste, gracias por el esfuerzo."
"Ah, no...", Sombra intentó taparle la boca a Aldana, pero ya era demasiado tarde.
"¿La compraste?"
Leonardo miró la hamburguesa, luego a Sombra, y soltó una carcajada: "¿De qué lugar es? ¿Es artesanal? De verdad tiene muy buen sabor."
Sombra bajó la mirada fijándola en la punta de sus zapatos, haciéndose la desentendida.
"Ya casi es hora."
Anunció Ciro, el asistente de Leonardo, quien ya había hecho los trámites de embarque, y se dirigió a él respetuosamente: "Señor Leonardo, ya podemos abordar."
"Bien."
Leonardo no expuso la mentira. Se puso de pie y miró a Aldana: "Te traeré cosas ricas cuando regrese."
"Gracias, Leonardo", sonrió Aldana levemente. "Cuida a Sombra en el camino."
"Pierde cuidado."
Sonrió Leonardo con resignación; si su hermana se lo pedía, claro que lo haría.
"Y tú..."
Aldana se dirigió a la chica de actitud rebelde, advirtiéndole seriamente: "No seas impulsiva en todo lo que hagas, si peleas terminarás perdiendo."

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