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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1262

—¿Ah, sí?

Leonardo tomó una toalla caliente para limpiarse las manos, la arrojó con fuerza de vuelta a la bandeja y preguntó con una sonrisa que no llegaba a sus ojos: —Me encantaría saber cuáles son los estándares del señor Sombra.

Sombra parpadeó, y su sonrisa se desvaneció lentamente.

—Es un secreto.

Unos segundos después, levantó las comisuras de los labios, fingiendo ligereza.

Su identidad estaba en juego.

Si quería heredar el puesto de Mandatario de Somerlandia, no podía permitir que se descubriera que era mujer.

Por eso, no tenía cabida para romances ni amoríos.

No iba a arruinar la vida de nadie, y esperaba que nadie viniera a complicar la suya.

¿Un secreto?

La burla en los ojos de Leonardo se intensificó. ¿De verdad ya tenía a alguien que le gustaba?

¿Quién sería ese chico mantenido?

—¿Y qué hay de ti, Leonardo? —el lado chismoso de Sombra se encendió—. Tantos años en la industria sin un solo escándalo. ¿Tienes un romance en secreto o un amor no correspondido?

—¿Me puedes decir, así en confianza, qué tipo te gusta?

Al ver ese rostro tan curioso acercándose, los ojos de Leonardo se oscurecieron poco a poco, y soltó con frialdad: —¡Mujeres!

Remarcó esa palabra con mucha fuerza.

¿Mujeres?

¿Así de simple?

—¡Ah! Ya veo —Sombra se rascó la cabeza y murmuró por lo bajo—. ¡Con que de verdad te gustan las mujeres!

—Lo siento mucho, de verdad. Te juzgué mal antes, ¡pensaba que te gustaban los hombres!

—¿Y de dónde sacaste semejante idea? —El rostro de Leonardo daba miedo de lo frío que estaba.

—Falta de visión mía, pura falta de visión.

Sombra soltó una risita nerviosa para cambiar de tema—. Leonardo, ¿cuántos días te vas a quedar en Somerlandia? Cuando termine de arreglar unos asuntos familiares, te invito a cenar.

Después de todo, había viajado gratis en su avión, lo mínimo que podía hacer era pagarle una comida.

—No es necesario.

Leonardo giró la cabeza para mirar por la ventanilla; el avión ya estaba comenzando a descender.

De ahora en adelante, tendría que mantener su distancia con este chico.

Para evitar que lo siguiera afectando y le provocara más de esos sueños absurdos.

—Como quieras.

Sombra se encogió de hombros con una sonrisa, sin insistir.

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