Leonardo levantó la vista y notó que el televisor estaba transmitiendo las noticias.
En el centro del estrado principal estaba sentado un "joven" de facciones finas, vestido con un traje impecable.
Aunque había cambiado su forma de vestir y su arreglo personal, lo reconoció al instante: era Sombra.
¿Así que esta era la "casa" a la que Sombra se refería?
¿Su casa era la mismísima residencia del Mandatario de Somerlandia?
La mirada de Leonardo bajó hacia el letrero con su nombre y sus ojos se entrecerraron.
Sombra.
Primogénito del Mandatario de Somerlandia.
¡¿Acaso era el heredero en primera línea para tomar el poder en Somerlandia?!
¿No que era solo el asistente personal de Aldana?
—El desarrollo del proyecto del puente es una obra monumental para Somerlandia... —la voz clara y serena de Sombra resonó mientras todas las cámaras y miradas convergían en ella.
El "joven" mantenía una expresión imperturbable y explicaba cada punto con precisión, empleando términos técnicos y demostrando un profundo conocimiento del tema.
—Disculpe, joven Carrasco, usted solo se enfoca en el valor final, pero ignora la inmensa inversión inicial.
Sombra seguía hablando cuando un hombre de mediana edad la interrumpió de golpe. Su intención de dejarla en ridículo era obvia—. ¿Acaso planean convertir esto en una obra de caridad? ¿Perder dinero año tras año?
—Es una obra pública. ¿Pretende acaso llenar sus bolsillos a costa del sudor del pueblo?
Sombra clavó sus ojos oscuros en el hombre sin un ápice de nerviosismo y soltó con contundencia: —Como usted menciona, es cierto que habrá pérdidas. De hecho, podría operar en números rojos por décadas.
—Pero como dice el dicho: los ancestros plantan los árboles para que las nuevas generaciones disfruten de la sombra. El efecto a largo plazo que traerá este puente es incalculable.
—¿Por ejemplo? —el hombre soltó una carcajada sarcástica, desafiándola sin rodeos—. ¿Qué clase de efecto a largo plazo?
—Transporte transnacional —respondió Sombra con una calma absoluta—. Planeo establecer acuerdos comerciales con el Continente del Sur y el Continente del Norte.
—Una vez que se firmen esos acuerdos, podremos utilizar este puente para transportar mercancías hasta el aeropuerto, ahorrando tiempo y reduciendo costos significativamente.
—¿El Continente del Sur y el Continente del Norte?
El hombre lo tomó como si fuera el mejor chiste del año y alzó la voz con tono de burla—. Ambos continentes están a miles de kilómetros de Somerlandia. Ya hemos intentado negociar con ellos y las grandes corporaciones ni siquiera nos miran.
—Y no hablemos del Submundo en el Sur. Qué arrogancia la suya.

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