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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1313

Rogelio le besó la punta de la nariz y tragó saliva. Sintió una ligera punzada de incomodidad en el pecho.

—¿Qué clase de secreto tienen Sombra y tú que no me puedes contar?

Aldana alzó una ceja.

—¿Otra vez celoso?

—Un poco. Tú y ella...

—¡Shh! —Aldana, de repente, le tomó el rostro entre las manos, le dio un beso rápido y sonrió como una hechicera—. Ya no hablemos de ellos. Mejor hablemos de cosas interesantes.

—¿Cosas interesantes?

Rogelio la persiguió buscando otro beso, y su mirada cambió por completo, adquiriendo el brillo depredador de un lobo.

—Hablar no es tan bueno como actuar, ¿no crees?

Antes de que pudiera reaccionar, Aldana se vio levantada en el aire. El hombre caminó hacia el dormitorio y la depositó suavemente sobre la gran cama.

Con la mano izquierda, él comenzó a desabotonarse la camisa, mientras con la derecha llamaba a Eva.

—Sí, te doy la tarde libre. De la cena me encargo yo... Exacto, puedes irte de inmediato.

Al colgar, Rogelio tiró el teléfono a un lado y se acercó lentamente.

Aldana parpadeó, arrinconándose un poco en la cama.

—Creo que todavía tengo tarea pendiente...

—¡Yo te ayudo a hacerla! —Rogelio la tomó de la cintura, agarró el control remoto y cerró las cortinas—. Sé buena, vamos a hacer cosas más interesantes.

Al instante, la habitación se sumió en la oscuridad.

***

De vuelta en casa.

Sombra se sentó en el suelo, con la mirada perdida durante un largo rato. No fue hasta que el cielo comenzó a clarear que logró ordenar sus pensamientos.

«¿Será que Leonardo vendrá a pedirme una respuesta?».

Cuando ese hombre se ponía intenso, podía ser bastante aterrador.

No. No podía quedarse un minuto más en la capital.

Sombra se levantó de inmediato, empacó sus maletas a toda velocidad y se dirigió al aeropuerto. Originalmente su vuelo era para el día siguiente, pero lo adelantó para esa misma mañana.

Antes de que el avión despegara, le envió un mensaje a Leonardo:

[Eres una buena persona, pero no somos el uno para el otro. A partir de ahora, no buscaré problemas contigo, y te pido que tampoco me busques. Si nos volvemos a ver, seremos solo extraños. Y mejor aún si no nos vemos. Adiós, que te vaya bien].

En cuanto el mensaje se envió, Sombra lo bloqueó de inmediato y apagó el celular.

Al fin había terminado todo.

Si no hubiera sentido nada por él, lo habría dejado ir. Pero estaba claro que sentía algo...

Cerró los ojos, sintiendo que estaba a punto de volverse loco. Tras unos minutos de intensa deliberación, llamó a su asistente.

—Asistente Ciro, cancela todo mi trabajo de los próximos días. Tengo algo urgente que hacer. Y también, cómprame un boleto de avión para Somerlandia.

Solicitar un vuelo privado tomaba tiempo; no podía esperar, así que viajaría en una aerolínea comercial.

—¿Somerlandia? —Ciro, recordando el incidente anterior, no pudo evitar preguntar—: Señor Valencia, no tenemos ningún compromiso laboral allá, ¿a qué va exactamente?

—¡A buscar a alguien!

Leonardo se levantó y empezó a guardar sus cosas. A la mitad del proceso, murmuró con voz ronca:

—Ciro, si te dijera que estoy considerando retirarme de la industria del entretenimiento...

Al principio, solo se había hecho actor para encontrar a su familia. Ahora que todos estaban reunidos, su mayor deseo se había cumplido.

¡Crash!

Ciro se quedó estupefacto y el celular se le resbaló, estrellándose contra el suelo.

¿Qué estaba pasando?

¿El gran Leonardo Valencia quería retirarse del espectáculo?

¡No podía ser!

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