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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1891

Lourdes Yáñez regresó a su habitación para cambiarse de ropa, pero esa sensación de malestar volvió a invadirla.

Ayer fue por tomar un café helado, ¿y hoy?

¿Por qué seguía sintiéndose mal?

Lourdes se mordió el labio y miró los medicamentos «psiquiátricos» en su mano. Un mal presentimiento se instaló en su pecho.

Lo pensó mejor.

Guardó las pastillas en su lugar y solo tomó un poco de agua fresca.

***

En el casino.

El escándalo de la última vez no había afectado en absoluto; el negocio en el Casino Costa Oeste seguía viento en popa.

—Srta. Yáñez, qué bueno que llega.

El gerente del casino se acercó para darle su reporte de rutina con suma reverencia.

—Buen trabajo —respondió ella.

Lourdes caminaba al frente, luciendo un elegante vestido lencero largo que dejaba al descubierto su esbelto cuello y sus largas piernas.

Si uno se fijaba bien.

Podía notar una marca profunda en la parte posterior de su cuello.

Cualquiera con experiencia sabría de qué se trataba.

—Es un honor trabajar para el casino, Srta. Yáñez —dijo el gerente, aunque su mirada se desvió inevitablemente hacia Darío Alzamora.

Él le llevaba el bolso y el abrigo a Lourdes. Con su expresión impasible, se veía increíblemente formal y serio.

Pensar que el señor Alzamora siempre se veía tan frío y reprimido, y en privado era tan...

Tsk, tsk.

¿Acaso el señor Alzamora estaba a punto de convertirse en el «oficial»?

¡Qué suerte la suya!

—¿Alguna otra novedad? —preguntó Lourdes, avanzando con el sonido rítmico de sus tacones.

—Nada fuera de lo común —respondió el gerente con respeto—. Aunque ayer llegó un cliente nuevo bastante generoso.

—Mhm.

Si había algo que no faltaba en el casino, eran los millonarios.

Lourdes ya estaba acostumbrada.

—Los clientes nuevos a veces no conocen las reglas. Asegúrense de atenderlos con paciencia.

—Entendido, Srta. Yáñez —dijo el gerente antes de retirarse discretamente.

—Daré una vuelta. Ve a finanzas a revisar las cuentas —le ordenó Lourdes a Darío en voz baja, pasándole el bolso.

Los reportes financieros estaban llenos de números diminutos y ella no tenía paciencia para eso.

Por eso, durante los últimos dos años, le había delegado toda esa tarea a Darío Alzamora.

Capítulo 1891 1

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