—No puede ser, ¿la señorita Sombra sabe de esto?
Ciro dio un paso adelante, observando a la hermosa mujer con evidente indignación.
¡La señorita Sombra era su ídolo!
—¿Te das cuenta de las tonterías que estás diciendo? —Leonardo dejó su vaso de agua, tomó el teléfono de Sombra y se acercó para rodear la cintura de la «hermosa mujer» con su brazo.
—Hola, Asistente Ciro. —Sombra se giró y lo saludó—. Cuánto tiempo sin vernos.
No esperaba que el asistente tuviera un sentido de la justicia tan agudo.
—¡S-Señorita Sombra!
Ciro se frotó los ojos, incapaz de creer lo que veía. Estudió el rostro de la chica detenidamente.
—No me fallan los ojos, ¿verdad? ¿Cómo es que ahora es mujer?
Sombra sintió que su sonrisa se congelaba. Levantó una ceja, claramente disgustada, y respondió con total seriedad:
—¡Siempre he sido mujer!
—Perdón, perdón, lo siento mucho. —Ciro se disculpó de inmediato, aún sin salir de su asombro—. Lo que quise decir es, ¿por qué ha vuelto a vestirse de mujer?
—Por un momento pensé que alguna trepadora se había atrevido a meterse aquí para coquetear con el señor Leonardo.
—Tienes una excelente actitud hacia tu trabajo, Ciro.
Sombra se acercó, le dio unas palmaditas en el hombro y le dijo con tono solemne:
—El próximo mes te duplicarán el sueldo. Sigue así.
—¿Eh?
Ciro se quedó más confundido que antes. ¿Por qué de repente le subían el sueldo?
—Si mi Sombra dice que te lo suben, te lo suben —añadió Leonardo con una sonrisa llena de mimo.
—G-Gracias, señorita Sombra, señor Leonardo. —El pobre Ciro asintió repetidamente, todavía procesando todo.
—Te dejo a cargo del mocoso —le advirtió Sombra a Julián con severidad—. Pórtate bien y no hagas tonterías. Ya sabes lo que pasará si no me obedeces.
—Lo sé. —Julián asintió con obediencia y murmuró—: Si me porto mal, me tirarás al basurero.
—Me alegra que lo entiendas. —Los labios de Sombra temblaron, apenas conteniendo la risa—. Te traeré algo rico para comer cuando regrese en la noche.
—¡Gracias, hermana!
Julián levantó la cabeza de golpe, rebosante de felicidad.
Cada uno con una expresión distinta, pero con dos cosas en común: sorpresa y mucha curiosidad.
Sombra levantó la vista levemente. Se sentía muy incómoda bajo todas esas miradas.
Parecía un bicho raro en exhibición.
¿Acaso se veía fea vestida de mujer? ¡Pero si Leonardo le había dicho que se veía preciosa!
—¡Papá, mamá! —Leonardo apretó la mano temblorosa de Sombra y frunció el ceño—. ¡No me equivoqué de persona, de verdad es Sombra!
—Ah. —Sania reaccionó al fin, dándole un codazo a su esposo que seguía en trance, y fingió calma—. Sombra, tus padrinos solo estamos un poco sorprendidos, no es nada malo. No pienses de más.
Les había costado muchísimo aceptar que su futura nuera fuera un hombre.
Apenas lo estaban asimilando.
¡Y de pronto, su nuero resultó ser una mujer!
El impacto emocional había sido demasiado grande. Necesitaban tiempo para adaptarse.
—Padrino, madrina. —Sombra los saludó con iniciativa, llena de culpa—. No fue mi intención ocultárselos, es solo que, por la situación con mi padre...
—Lo sabemos —interrumpió Sania con una sonrisa cálida—. Lo pasado, pasado está. A partir de ahora, tú y Leonardo deben estar bien. Y si él se atreve a molestarte, dejaremos que Aldana le dé su merecido.

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