Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1404

—¿Cómo que no será necesario?

El profe Bonifacio se acercó, con una expresión de extrema seriedad que resultaba casi cómica. —Los que vinieron hoy son verdaderos gigantes del mundo académico, en especial ese señor de allá...

¿Eh?

Aldana siguió la dirección del dedo del profe Bonifacio y, al verlo, encogió el cuello del susto.

¡¿El Profesor Peter?!

¿Qué hacía ese viejo trasto en la capital?

—Él es el experto más respetado de todos los presentes, ha resuelto muchísimos enigmas médicos de nivel mundial.

El profe Bonifacio hablaba con creciente entusiasmo. —En un momento buscaré la oportunidad para presentártelo. Si logras que te dé unos cuantos consejos, será un salto gigantesco para tus habilidades médicas.

—De verdad, no hace falta...

—No seas tímida, yo me encargo de todo.

—No es timidez...

Antes de que pudiera terminar la frase, el profe Bonifacio ya caminaba radiante de felicidad hacia las primeras filas.

Aldana se quedó sin palabras.

La última vez que se había visto cara a cara con el viejo trasto de Peter fue hace dos años.

En aquella ocasión, ambos habían tenido una acalorada discusión por una «teoría médica».

En un ataque de rabia, el viejo trasto se había comido todos sus preciados bocadillos de reserva. Para alguien viviendo en el extranjero, esos dulces eran invaluables.

¡Y el maldito se los comió todos, sin dejarle ni uno solo!

Pero ella no se quedó de brazos cruzados: hackeó su computadora y le borró el artículo en el que había estado trabajando durante noches enteras.

Además, de una patada mandó a volar la maceta con las flores que él cultivaba con tanto esmero.

El viejo trasto la llamó furioso para insultarla.

¿Y qué creen?

¡Ni siquiera en eso pudo ganarle, jajaja!

Del puro coraje, el pobre hombre pisó mal y terminó torciéndose el tobillo.

El rencor entre ellos era legendario; si se volvieran a ver, lo más probable era que terminaran a golpes.

—¿Lo conoces?

Al verla encogerse y espiar al «gran experto» con culpa, Rogelio no lo preguntó con duda, sino con absoluta certeza.

—Ah.

Aldana se bajó la visera de la gorra, se metió las manos en los bolsillos y murmuró: —Somos viejos conocidos. De hecho, si lo piensas bien, soy su benefactora.

¿Conocidos?

Al escuchar eso, Rogelio esbozó una ligera sonrisa.

Si se encontraban frente a frente, esto iba a ponerse muy divertido.

Aldana escuchó con suma atención las presentaciones de cada uno de los concursantes.

Y dio un veredicto sincero: —Nadie llega a la final siendo un inútil.

—¿Cómo crees que le irá a tu compañera? —Rogelio le peló un dulce y se lo puso en la boca.

—Depende de cómo maneje los nervios.

Aldana saboreó el dulce y respondió en voz baja: —Si logra dar una buena presentación, tiene bastantes posibilidades de llevarse un premio.

¿No era su objetivo entrar a un doctorado?

Esta competencia internacional tenía muchísimo peso; si quedaba entre los tres primeros lugares, conseguiría una beca directa.

—Ya le toca el turno al estudiante de la Universidad de la capital. —Rogelio levantó la mirada, genuinamente curioso por ver qué clase de «compañero» masculino había motivado a su chica a sacrificar su sueño de fin de semana.

Pero cuando la persona apareció en el escenario, Rogelio se quedó helado.

¿Compañero masculino?

Miró de reojo a Aldana y descubrió que la chica tenía una sonrisa triunfal en los labios.

Lo había puesto celoso a propósito.

Excelente.

Había vuelto a caer en su trampa.

—Hola a todos, mi nombre es Giselle Solares, estudiante de tercer año de maestría en medicina clínica de la Universidad de la capital...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector