¡Zas!
El golpe voló hacia Nando, pero el joven lo esquivó con la agilidad de un gato.
Sin perder un instante, aprovechó el impulso para contraatacar y le plantó una patada certera directo a la rodilla del oponente.
—¡Aaah!
El impacto fue tan brutal que el hombre de Lobo Feroz retrocedió dando tumbos, con el rostro contorsionado de dolor.
Al recuperar el equilibrio...
Miró a Nando con los ojos desorbitados, incapaz de ocultar su sorpresa.
No esperaba que ese simple novato tuviera un nivel tan alto.
Nando le dedicó una sonrisa. Aunque no dijo nada, su mirada lo decía todo:
Se atrevieron a faltarle el respeto a la entrenadora Gilda, y ahora iban a tragar tierra.
¡Fiiip!
Sonó el silbato del árbitro, y ambos volvieron a trenzarse en el centro del ring.
El oponente recibió un derechazo en la frente, mientras que Nando encajó una patada en el estómago.
En un torneo de exhibición, la idea era detener el golpe antes de causar un daño real.
En una pelea profesional, los cortes, la sangre y los desmayos eran el pan de cada día.
¡Pum!
El tipo de Lobo Feroz rompió las reglas varias veces, lanzando ataques directos a zonas vulnerables.
Nando lanzó una rápida mirada hacia Gilda en las gradas y captó su señal de aprobación.
Inmediatamente, apretó los puños, se abalanzó contra la cintura del hombre, y comenzó a asestarle una lluvia de rodillazos en el abdomen.
—¡Ugh...!
El oponente jamás se imaginó que ese flacucho tuviera tanta fuerza. Estaba atrapado, incapaz de defenderse.
Ambos terminaron forcejeando, pero el de Lobo Feroz se llevó la peor parte.
Cof, cof, cof...
El hombre empezó a toser sin control, casi escupiendo los pulmones. El dolor lo hizo caer al suelo, del que no podía ni intentar levantarse.
Aunque no eran golpes fatales, el castigo físico fue brutal.
—Cinco, cuatro...
El árbitro empezó el conteo. El hombre intentó apoyarse en sus brazos, pero sus piernas no respondieron.
Primera ronda: victoria para el estudio de Gilda.
Este resultado inesperado desató un murmullo de sorpresa entre el público y el resto de los gimnasios presentes.
¡Vaya golpe de suerte, lograron vencer a un miembro de Lobo Feroz!
—Seguro pensaron que el chico no servía para nada y mandaron a su peleador más débil. Subestimaron al enemigo.
Y, efectivamente, era así.
Tras el humillante fracaso en la primera ronda, Lobo Feroz no quiso correr riesgos y mandó a un verdadero peso pesado para el segundo combate.
El tipo había quedado en octavo lugar en el último torneo nacional de artes marciales mixtas.
No era el octavo de un barrio, era el octavo de todo el país.

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