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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1660

¡Zas!

El golpe voló hacia Nando, pero el joven lo esquivó con la agilidad de un gato.

Sin perder un instante, aprovechó el impulso para contraatacar y le plantó una patada certera directo a la rodilla del oponente.

—¡Aaah!

El impacto fue tan brutal que el hombre de Lobo Feroz retrocedió dando tumbos, con el rostro contorsionado de dolor.

Al recuperar el equilibrio...

Miró a Nando con los ojos desorbitados, incapaz de ocultar su sorpresa.

No esperaba que ese simple novato tuviera un nivel tan alto.

Nando le dedicó una sonrisa. Aunque no dijo nada, su mirada lo decía todo:

Se atrevieron a faltarle el respeto a la entrenadora Gilda, y ahora iban a tragar tierra.

¡Fiiip!

Sonó el silbato del árbitro, y ambos volvieron a trenzarse en el centro del ring.

El oponente recibió un derechazo en la frente, mientras que Nando encajó una patada en el estómago.

En un torneo de exhibición, la idea era detener el golpe antes de causar un daño real.

En una pelea profesional, los cortes, la sangre y los desmayos eran el pan de cada día.

¡Pum!

El tipo de Lobo Feroz rompió las reglas varias veces, lanzando ataques directos a zonas vulnerables.

Nando lanzó una rápida mirada hacia Gilda en las gradas y captó su señal de aprobación.

Inmediatamente, apretó los puños, se abalanzó contra la cintura del hombre, y comenzó a asestarle una lluvia de rodillazos en el abdomen.

—¡Ugh...!

El oponente jamás se imaginó que ese flacucho tuviera tanta fuerza. Estaba atrapado, incapaz de defenderse.

Ambos terminaron forcejeando, pero el de Lobo Feroz se llevó la peor parte.

Cof, cof, cof...

El hombre empezó a toser sin control, casi escupiendo los pulmones. El dolor lo hizo caer al suelo, del que no podía ni intentar levantarse.

Aunque no eran golpes fatales, el castigo físico fue brutal.

—Cinco, cuatro...

El árbitro empezó el conteo. El hombre intentó apoyarse en sus brazos, pero sus piernas no respondieron.

Primera ronda: victoria para el estudio de Gilda.

Este resultado inesperado desató un murmullo de sorpresa entre el público y el resto de los gimnasios presentes.

¡Vaya golpe de suerte, lograron vencer a un miembro de Lobo Feroz!

—Seguro pensaron que el chico no servía para nada y mandaron a su peleador más débil. Subestimaron al enemigo.

Y, efectivamente, era así.

Tras el humillante fracaso en la primera ronda, Lobo Feroz no quiso correr riesgos y mandó a un verdadero peso pesado para el segundo combate.

El tipo había quedado en octavo lugar en el último torneo nacional de artes marciales mixtas.

No era el octavo de un barrio, era el octavo de todo el país.

Pero a juzgar por el gesto, fue un insulto del peor calibre.

El representante se puso rojo de la furia, pero como no podía armar un escándalo allí mismo, tuvo que tragarse el coraje.

Máximo estaba sentado en su lugar exclusivo, sin quitarle los ojos de encima a Gilda.

Si esa bola de idiotas supiera de dónde venía ella, estarían temblando de pánico.

Gilda...

Solo con mirarla, Máximo no podía evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba.

Dalia, que venía regresando del baño, captó toda la escena.

Desde su ángulo, estaba completamente segura de que el señor Solórzano miraba con devoción a Héctor.

Y sonreía de esa manera tan tonta...

Tsk, tsk.

El señorito Héctor estaba metido en un gran problema.

Dalia olvidaba un pequeñísimo detalle: ella medía apenas un metro cincuenta y siete con dos.

Máximo no solo era alto, sino que su asiento estaba en una plataforma más elevada.

Desde su perspectiva, la única persona en su línea de visión era Gilda.

***

El segundo asalto arrancó.

Aunque Javi era un estudiante bastante hábil, Lobo Feroz había decidido ir por todo y envió a una auténtica bestia al ring.

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