¿Qué?
Con esas palabras, el salón entero se sumió en un silencio sepulcral. Todas las miradas se clavaron en el rostro de Aldana Carrillo.
¿Habían escuchado bien?
¿Aldana acababa de decir que ella era la Dra. Noche?
La Dra. Noche se había hecho famosa hace años. ¿Cuántos años tenía Aldana en ese entonces?
¡Ni siquiera era mayor de edad!
¿Cómo iba a ser la Dra. Noche una simple adolescente?
¡Si vas a mentir, al menos esfuérzate un poco!
...
Giselle Solares se quedó helada, con la mente en blanco.
Había imaginado muchos escenarios, pero jamás que Aldana afirmara ser la mismísima Dra. Noche.
...
El profe Bonifacio también estaba en shock, mirando fijamente a Aldana.
Recordó su desempeño en la universidad, especialmente cómo dominaba los libros de medicina al derecho y al revés.
¡Dios santo!
De repente, le pareció que de verdad podía ser la Dra. Noche.
Con ese pensamiento, el profe Bonifacio tragó saliva, se dejó caer lentamente en su silla e intentó calmar su respiración.
—Ja.
Los estudiantes de la Facultad de Medicina, encabezados por Lucio Ibarra, se tomaron la declaración como un chiste malo.
—Jajajaja, ¿Aldana dice que es la Dra. Noche? —Lucio torció los labios en una sonrisa arrogante—. ¿Ustedes han visto alguna vez a una médica experta tan joven?
¿Qué clase de eminencia médica necesitaría ir a la universidad para tomar clases y sumar créditos?
¡Puras tonterías!
—Mmm... —Una chica a su lado abrió la boca y murmuró tímidamente—. ¿Acaso ya olvidaron que Aldana se memorizó todos los libros de medicina?
Le decían una página y ella la recitaba. ¡Era aterrador!
...
La sonrisa de Lucio se congeló un poco y fulminó con la mirada a la chica.
Claro que lo recordaba. Por culpa de eso tuvo que pasarse toda una tarde en el patio gritando "Soy El Tonto".
—¿Y tiene alguna prueba? —El presentador se frotó la nariz, nervioso pero intentando sonar profesional—. La Dra. Noche nunca ha aparecido en público, ¿cómo puede demostrarlo?
—Que no haya aparecido en público no significa que no lo haya hecho en privado.
Aldana se quitó la gorra, se dio la vuelta y miró hacia la mesa de los jueces.
Específicamente, hacia el Profesor Peter.
Levantó una comisura de los labios y soltó con naturalidad: —Cuánto tiempo sin verte, viejo trasto.
¿V-viejo trasto?
¡Aldana había perdido la cabeza! ¡Cómo se atrevía a llamar "viejo trasto" a un famoso experto en medicina!
Un momento.
¿Qué fue lo que dijo antes? ¿"Cuánto tiempo sin verte"?
¿Aldana y el Profesor Peter se conocían?
Mientras todos intentaban procesar la información, el Profesor Peter dio un salto de su silla, con los ojos clavados en Aldana.
Dudó un par de segundos.
Y, sin poder creerlo, gritó: —¡¡¡Mi Jefa!!!

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