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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1415

—Todavía hay más —añadió Michelle acercándose a la pantalla, fingiendo indignación—. Esos vejestorios me amenazan con que si no te invito a darles una clase, vendrán a tocarme la puerta a medianoche.

—Para la próxima clase, te encargo que me los regañes bien.

—¡Claro que sí! —Aldana, de quince años, se asomó a la cámara con una sonrisa radiante y juguetona—. Abuela Michelle, ¡quiero comer camarones al ajillo con fideos!

—¡Tu abuela te los prepara! —Michelle le pasó la cámara a su sirvienta, se remangó y, a pesar de sus torpes movimientos, exclamó—: ¡Que nadie se meta hoy, voy a prepararle una comida deliciosa a mi pequeña Noche!

La escena era entrañable y hermosa.

Todos los presentes miraban hechizados, incluyendo a Rogelio.

Él deseaba internamente que hubiera más videos.

Fue entonces cuando la voz severa de Michelle rompió el encanto: —Tengo muchos más videos después de estos, pero ya no pienso mostrárselos.

Eran puros momentos adorables de su pequeña Noche, ¿por qué habría de mostrárselos a estos idiotas ciegos?

¡Pues no!

Rogelio: ...

Sintió una gran decepción.

—A propósito, ustedes dudaban de que fuera la Dra. Noche, ¿verdad? —Michelle soltó un bufido y continuó—: ¿Qué les parece si todos los presentes compiten con ella? A ver si logran superarla en conocimientos y habilidades.

—¡Para mí que ninguno de ustedes le llega ni a los talones!

Mientras hablaba, la mirada de Michelle se topó de pronto con el atónito Profesor Peter. —¡Tú, mocoso! ¿Ayudando a otros a molestar a tu salvadora?

—Yo... —El Profesor Peter sacudió las manos frenéticamente, intentando explicarse.

—Si no hubiera sido por el cariño que te tengo, ¿crees que la Dra. Noche habría perdido el tiempo investigando contigo? —le recriminó Michelle sin piedad—. Más te vale ir a pedirle perdón ahorita mismo, ¡o la próxima vez que te vea te romperé las piernas a ti, mocoso!

¿Por el cariño que le tenía?

El Profesor Peter por fin ató cabos. Con razón su Jefa le había puesto tanta atención en ese entonces.

¡Resulta que la Profesora Michelle ya había intercedido por él!

—Supongo que todavía hay quien no se lo cree, ¿verdad?

Aldana esbozó una sonrisa, pero su mirada era de hielo. Pronunció cada palabra con lentitud: —¿Qué les parece si empiezo a recitar mi primera tesis de memoria para ustedes?

Los demás: ¿¿¡Ah!??

Antes de que el público pudiera reaccionar, los labios rojos de Aldana ya se movían y su voz cristalina resonó por la sala.

Recitó el artículo completo sin hacer ni una sola pausa.

Justo cuando iba a empezar el segundo, el Profesor Peter intervino rápidamente, sonriendo disculpándose: —Le creemos, claro que le creemos.

Cada frase que ella recitaba se sentía como una bofetada en sus rostros.

Se lo creían de verdad.

Ya habían aprendido la lección, ¡por favor, que la Dra. Noche los dejara en paz!

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