¿Ya no hace falta que recite?
Aldana detuvo su lectura y dirigió su mirada hacia los jueces de la primera fila.
Los jueces: No, no, no.
Negaron con la cabeza al unísono.
En el video de la transmisión en vivo, muchos de los que tomaban sus clases eran sus propios maestros y mentores.
Si eran los maestros de sus maestros, ¿acaso no debían referirse a ella como una eminencia suprema?
—De acuerdo —Aldana dirigió entonces su mirada hacia el público, levantando una comisura de sus labios, y preguntó sin prisa—: ¿Aún queda alguien que no esté convencido? ¡Que dé un paso al frente!
¡Ella, Aldana Carrillo, era experta en callar bocas!
¿¿??
Los estudiantes de la facultad de medicina miraron por instinto a Lucio Ibarra, quien apenas unos momentos atrás se sentía el dueño del mundo.
...
Lucio bajó la cabeza en silencio, haciéndose el muerto.
Jamás se imaginó que Aldana fuera la Dra. Noche.
Y mucho menos que la famosa Dra. Noche tomara clases en su propio grupo.
No, esperen un momento...
Si eso era cierto, de ahora en adelante, ¿no podría presumir que la Dra. Noche era su compañera de clases?
¡Eso sonaba muy genial!
—Lucio, ¿no tienes nada que decir? —preguntó un compañero con malicia.
—¿Y yo qué dije? —Lucio frunció el ceño y se defendió a duras penas—. ¿Acaso ustedes no dudaron también? ¡No fui el único!
Los demás estudiantes soltaron una carcajada sarcástica.
Ellos dudaban, sí, pero Lucio se había pasado de la raya con sus burlas e insultos malintencionados.
¡Como si no se hubieran dado cuenta!
Un silencio envolvió a la audiencia, hasta que Rogelio se puso de pie y añadió: —Yo nunca dudé, así que la señorita no puede enojarse conmigo.
Los demás: ¿¿??
¿Acaso el Sr. Rogelio estaba presumiendo su amor en público?
¡Claro que sí!
Al ver a Rogelio, Aldana sonrió y el enojo en su interior se disipó bastante.
—Ya que mi firma es válida, que el concurso siga su curso.
Los dos primeros realmente habían sido superiores a ella.
Pero haber derrotado a tantos participantes y lograr entrar al podio, demostraba que tenía mucho talento.
Aldana estaba muy satisfecha con el resultado de la competencia.
—Vámonos —dijo Aldana jalando a Rogelio para retirarse antes de que todo terminara.
Acababa de escuchar murmullos de que querían acercarse para pedirle fotos y autógrafos.
Qué flojera.
Antes de irse, Aldana le pidió a Iván que le dejara un mensaje al Profesor Peter, invitándolo a cenar otro día.
Ese viejo trasto seguro se había llevado el susto de su vida.
Ya en el auto, Rogelio se acercó de pronto, la tomó por la cintura y susurró: —Hazle otra videollamada a la Profesora Michelle.
—¿Para qué? —preguntó Aldana, mirándolo completamente confundida.
—Quiero pedirle que me pase todos los videos que te grabó —confesó Rogelio con total franqueza—. Aún no conozco a la Aldi de trece años, quiero verla.
—¡No, claro que no! —Aldana se negó rotundamente.
A los trece años era una mocosa, y todo lo que decía o hacía era infantil.
Además, siempre terminaba haciendo el ridículo.

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