¿Besa a un galán?
¿La Aldi de trece años ya andaba besando galanes?
Maldita sea.
¡A quién demonios había besado!
Justo cuando Rogelio reunió el valor necesario para abrir el video...
La voz adormilada de Aldana resonó a sus espaldas: —¿Qué estás viendo?
—¡Pam!
Sintiéndose atrapado con las manos en la masa, los dedos de Rogelio se aflojaron, y el teléfono se le resbaló cayendo directo al suelo.
Y para su mala suerte, la pantalla mostraba exactamente el correo que Michelle le había mandado.
...
Aldana, que aún tenía los ojos medio cerrados por el sueño, se despertó de golpe al escuchar el impacto.
Y al mismo tiempo, alcanzó a ver claramente lo que había en la pantalla.
Aldana: ¿¿??
Vaya par.
Uno jugaba doble cara y la otra filtraba información a escondidas.
Aldana se acercó a paso rápido, recogió el teléfono del suelo y clavó la mirada en Rogelio: —¿Ya los viste?
—Todavía no.
Rogelio estaba sentado en el sofá con el rostro ensombrecido y el corazón latiéndole a mil por hora.
No podía dejar de pensar en que él no era el primer hombre al que Aldi había besado.
Rabia.
Celos.
Resentimiento.
—Ah.
Sabiendo que Rogelio no era de mentir, Aldana se guardó el teléfono directo al bolsillo y bufó: —Mejor. Así no te dejo verlos.
...
Rogelio se quedó sentado en el sofá, mirando cómo la chica se alejaba. Sentía que explotaba de furia pero no tenía cómo desahogarse.
Con razón no quería que los viera.
Hmph.
Ahora lo entendía todo.
Después de tomar agua, Aldana regresó a la habitación y durmió un poco más.
No despertó hasta el atardecer.
Al llegar a la sala de estar y no ver a Rogelio, frunció el ceño con confusión.
Qué raro.
Rogelio no trabajaba hoy, su celular lo tenía ella, ¿a dónde se había metido?
—Señorita Carrillo. —Eva salió con la comida lista, saludando con voz suave.
—¿Dónde está Rogelio?
Cocina.
¡Pam, pam, pam!
El ruido del cuchillo golpeando las costillas era ensordecedor, tan fuerte que hasta las ventanas vibraban.
—¿Qué te hicieron las costillas para que las masacres así? —Aldana, con las manos metidas en los bolsillos, se acercó lentamente a Rogelio.
Estiró el cuello para darle un vistazo.
Vaya.
Su cara sí que se veía terrible.
Qué rencoroso.
...
Rogelio giró la cabeza y clavó su profunda mirada en el rostro de ella.
Unos segundos después...
Desvió la vista con evidente enojo.
Aunque continuó picando las costillas, por miedo a asustar a su chica, bajó bastante la intensidad de los golpes.
—¿Estás enojado? —Aldana se acercó más, preguntando con voz suave—. ¿Es porque me llevé tu teléfono y no te dejé ver mis videos?
...
Rogelio apretó los labios, con una expresión de muy pocos amigos.
Si ella se daba cuenta de que estaba enojado, seguro que también adivinaba el motivo.
—¿Y bien? —Al ver que no respondía, Aldana se acercó un poco más, perdiendo la paciencia—. Te estoy hablando. ¡Intenta no contestarme, a ver qué pasa!

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