Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1433

—Son los achaques de siempre —Doña Inés le acarició el cabello a Casiana con una mirada desbordante de ternura. Por la enfermedad, su respiración era un poco agitada—: ¿Por qué viniste sola? ¿Y tu esposo?

—Félix está de viaje de negocios. En cuanto regrese, lo traeré para que te vea —mintió Casiana, forzando una sonrisa para mantener la compostura.

—Me parece bien —la abuela le dio unas palmaditas en la mano a Casiana, sonriendo plácidamente—: Ese muchacho parece un hombre recto y de buen corazón, estoy segura de que te tratará como a una reina.

Félix la había visitado dos veces y, a petición de Casiana, siempre se comportó de manera impecable frente a ella.

Doña Inés lo adoraba.

—Abuela…

Casiana abrió la boca, pero su voz se quebró de inmediato.

Solo su abuela sabía que ella estaba enamorada de Félix.

La anciana creía que Casiana estaba viviendo un sueño, feliz y amada, pero la verdad era que…

Se había enamorado de un hombre que no sentía nada por ella.

—Nana, ¿no es hora de que se tome su medicina? —preguntó Casiana, mirando a la mujer mayor para no continuar con ese tema.

—¡Ah, sí, sí, sí!

La nana se apresuró a traer la taza de remedios, haciéndole señas a Casiana con los ojos: —A Doña Inés no le gusta porque amarga mucho, esta mañana a duras penas se tomó media taza.

—Vieja chismosa, ¡cómo te atreves a acusarme! —el rostro de la abuela cambió y se apresuró a explicarse—: Mi niña, no le hagas caso a sus inventos, soy muy juiciosa con mi tratamiento.

—¿Ah, sí?

Casiana no pudo evitar reírse suavemente y murmuró: —Entonces, abuela, tómate esto rapidito mientras sigue caliente.

Doña Inés miró el líquido oscuro con evidente rechazo.

Pero al encontrarse con la mirada firme y preocupada de su nieta, suspiró y se bebió la infusión de un trago, soportando el mal sabor.

—Abuela, hace mucho viento aquí afuera. Vamos adentro para que duermas un rato.

Casiana sonrió con satisfacción, ayudando a la anciana a levantarse y guiándola hasta su habitación.

—Quédate aquí conmigo, mi niña.

—Señorita, Don Ricardo acaba de llegar —anunció el secretario de su padre—. Le pide que vaya a la sala principal.

—Entendido —asintió Casiana, y toda pizca de calidez desapareció de sus ojos—: Iré enseguida.

—De acuerdo.

Una vez que el secretario se marchó, la nana tomó la mano de Casiana, mirándola con evidente preocupación: —Las cosas en los negocios de la familia no andan bien. Dicen por ahí que los Hidalgo están metiendo presión. Lo más probable es que Don Ricardo quiera echarle la culpa a usted. Tenga mucho cuidado.

—¿No prefiere irse ahora mismo?

El señor jamás se atrevería a ir a buscarla a la residencia Hidalgo.

—Tranquila, nana, le agradezco su preocupación —Casiana sonrió levemente, conociendo perfectamente la situación—: Soy de la familia Hidalgo, mi padre no se atreverá a ponerme un dedo encima.

Aunque no era la favorita, el simple título de "señora Hidalgo" seguía siendo un escudo impenetrable.

Al fin y al cabo, pronto se divorciaría.

¿Qué tenía de malo usarlo a su favor una última vez?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector