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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1472

—Pfft...

Al escuchar la burla de Aldana, Casiana no pudo evitar soltar una carcajada.

Al darse cuenta de que había sido demasiado obvia, se enderezó y se aguantó la risa.

—Perdón.

Al ver la ligera curvatura en las comisuras de sus labios, la mirada de Félix se volvió más profunda.

De acuerdo.

Mientras ella estuviera feliz, valía la pena soportar las burlas de Aldi.

—A comer —anunció Rogelio tras acomodar los platos, y le puso una chaqueta sobre los hombros a Aldana.

Félix levantó a Casiana y la sentó en la silla.

—¿Come picante, cuñada? —preguntó Rogelio.

—Yo...

Casiana estaba a punto de responder cuando Félix intervino de repente:

—No.

Y de forma muy considerada, le preparó una salsa sin picante, solo con un toque de vinagre.

Al ver el gesto de Félix, Aldana levantó una ceja.

¿En qué se diferenciaba eso de cómo el viejo zorro la cuidaba a ella?

Si a su hermano no le gustaba su cuñada, estaba dispuesta a cortarle la cabeza a Rogelio.

(Rogelio: «¿Y yo qué culpa tengo?»).

—Gracias.

Casiana también estaba bastante sorprendida. Félix conocía sus gustos a la perfección.

Las mejillas de la joven se sonrojaron. Tomó un bocado con sus cubiertos y no pudo evitar mirar de reojo al hombre a su lado.

Su timidez era imposible de ocultar.

—Ñam, ñam, ñam...

Frente a ellos, Aldana masticaba su desayuno mientras sus ojos iban y venían entre su hermano y su cuñada, captando cada una de sus miradas incómodas.

Aquí había gato encerrado.

Definitivamente había gato encerrado.

¿Acaso parecían estar a punto de divorciarse?

¡Más bien parecían estar en plena luna de miel!

Incluso ella, que tenía la inteligencia emocional por los suelos, podía notar que había química entre los dos.

—Ñam, ñam, ñam...

Aldana tomó otra porción y, de repente, se detuvo.

—Oye, Félix, ¿qué le pasó a tu labio?

Casiana levantó la mirada y chocó con los ojos profundos de Félix. Con las mejillas ardiendo, murmuró en voz baja:

—De verdad no fue así.

—A comer —Rogelio intervino, pelándole un huevo cocido a Aldana para aliviar la incomodidad—. Hace un momento llamaron tus papás. Dijeron que ya tienen todo listo en la villa y que el Dr. Hidalgo y su esposa pueden ir cuando quieran.

El día anterior, en cuanto Aldana conoció a Casiana, regresó y llamó a Sania Verano de inmediato para contarle todo.

Sania emitió una orden inmediata a los demás hermanos: todos debían volver al día siguiente para darle la bienvenida a esta cuñada que nunca habían conocido.

—De acuerdo —asintió Félix, imitando los gestos de Rogelio para pelar un huevo.

Luego le preparó un sándwich, pan tostado con mermelada...

En poco tiempo, los platos de Casiana y Aldana estaban rebosantes de comida.

Rogelio: —Come.

Félix: —Tú también come.

Rogelio levantó la vista y un enorme signo de interrogación apareció en su cabeza.

«Oye, genio, ¿copias la tarea sin leer las instrucciones?».

Aldi comía mucho porque tenía buen apetito.

Casiana, que comía muy poco, miró la montaña de comida en su plato y frunció el ceño con fuerza:

—Es demasiado, no voy a poder terminarlo.

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