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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1500

...

Tras escuchar las crudas palabras de Félix, un pesado silencio sepulcral se apoderó de la llamada.

Unos largos segundos después, colgaron discretamente del otro lado.

—Tú...

Casiana recuperó un poco la cordura y miró a Félix, perpleja.

¿Qué diablos estaba diciendo con tanto descaro?

—Casiana...

Félix la miró con los ojos entrecerrados. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que él se desvaneció y cayó rendido en sus brazos.

—¡Félix!

Casiana sacudió su cuerpo con desesperación, solo para darse cuenta de que él tenía los ojos cerrados a cal y canto, y ardía en fiebre de pies a cabeza.

¿De verdad se había desmayado por la fiebre?

Como pudo, Casiana logró apartarlo y llamó por teléfono al médico de cabecera.

—Tuvo convulsiones por la fiebre tan alta, y a eso hay que sumarle un exceso de emoción que le hizo subir la sangre a la cabeza —explicó el doctor tras examinarlo, bajando la voz al preguntar—: ¿Acaso el joven Félix hizo algo muy intenso hace un rato?

¿Exceso de emoción?

¿La sangre se le subió a la cabeza?

Casiana apretó los labios instintivamente, recordando la intensidad de aquel beso. El rostro le ardió de vergüenza.

—Oh...

El doctor la miró de reojo, notando sus labios hinchados, y de inmediato pareció comprender la situación.

—Es de lo más normal que las parejas jóvenes sean cariñosas cuando se reencuentran después de un tiempo separados, muy normal —dijo el doctor con una sonrisa cómplice y tono experimentado.

Lo único que no podía explicarse era cómo el frío, distante y aparentemente célibe Dr. Hidalgo tenía este lado oculto.

¿Que estaban a punto de divorciarse? ¡Pamplinas!

¡Por lo que él veía, esos dos se amaban con locura!

...

Casiana quiso explicarse, pero al abrir la boca descubrió que no sabía ni por dónde empezar.

—¿Él va a estar bien?

—Estará bien —negó con la cabeza el doctor, usando un tono respetuoso—. Ya le pusimos el suero. Con que después tome mucha agua y descanse, no pasará a mayores.

Pensar que el mismo joven Félix, siendo médico, había terminado en su propia cama por esforzarse de más.

¡Ya lo decían por ahí, hasta los grandes héroes caen rendidos ante una belleza!

—Gracias.

Después de acompañar al médico a la puerta, Casiana se encontró con la pequeña gatita temblando de miedo en un rincón.

—¡Miau!

Al ver a su adorada dueña, Pequeñita se acercó dando pasitos elegantes, restregándose contra su tobillo y maullando a todo pulmón.

Capítulo 1500 1

Capítulo 1500 2

Capítulo 1500 3

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