Tres horas más tarde.
Héctor abrió los ojos lentamente; la fiebre había bajado, dejándolo empapado en sudor frío.
Echó un vistazo a su alrededor y todo estaba a oscuras. No había un alma en la habitación.
¿Acaso Gilda había sido tan despiadada como para abandonarlo ahí?
Tenía demasiada sed.
Héctor se apoyó contra el borde de la cama y apartó la cobija. Justo cuando iba a levantarse a buscar agua...
Clic.
La luz del cuarto se encendió de golpe y Gilda apareció frente a él sosteniendo un vaso de agua tibia.
«¿?»
Al verla, Héctor se quedó congelado por un par de segundos y luego forzó una enorme sonrisa: —Pensé que ya te habías ido...
—Tómatela.
Gilda se acercó y le entregó el vaso.
—Vale.
Héctor lo agarró y se empinó más de la mitad de golpe. Iba tan deprisa que terminó atragantándose y comenzó a toser.
—¿Por qué tomas con tanta desesperación?
Al verlo en ese estado, Gilda frunció levemente el ceño—: Nadie te la va a robar.
—Es agua que tú me serviste. —Héctor se lo explicó con total seriedad—: Aunque fuera veneno, me la tomaría hasta la última gota.
—Estás loco.
Gilda apretó los labios y, con un suspiro resignado, añadió: —Ya te bajó la fiebre, vete a tu casa.
—¡Gilda!
Al ver que daba media vuelta para irse, Héctor se apresuró a alcanzarla, la tomó por la muñeca y le suplicó con mirada de perrito abandonado: —¿No puedo ir a tu casa? Si regreso así, no tendré cómo explicarlo a mi familia.
—No.
Gilda intentó soltarse por reflejo, pero rozó sin querer el piquete de la aguja en el dorso de su mano.
—¡Ahhh!
Héctor soltó un gemido de dolor, haciendo una mueca que lo hizo lucir aún más lamentable.
Gilda bajó la mirada y notó un gran moretón en su mano, probablemente producto del suero.
¿Por qué se le había hinchado así?
Gilda dejó de resistirse y levantó la vista hacia él: —¿Quieres que te llame al doctor?
—No hace falta.
Héctor se negaba a soltarla y su tono era casi suplicante—: Te prometo que me quedaré calladito y quietecito, no te voy a estorbar para nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector