—¿Ayudarme a bañarme?
Aldana extendió sus delgados y blancos dedos, presionándolos contra el pecho del hombre mientras se inclinaba un poco más hacia él.
—Sí —murmuró Rogelio. Bajó la mirada, su nuez de Adán se movió al tragar saliva, y esbozó una sonrisa cargada de picardía—. Compré una tina nueva. Dicen que caben perfectamente dos personas...
—Ah. —Aldana enarcó una ceja y, con sus labios rojos curvados en una sonrisa, replicó—: Así que ese Lucero me mintió y me trajo hasta aquí solo para poner a prueba el rendimiento de una tina.
Rogelio bajó la cabeza, mirándola con una sonrisa desbordante de ternura.
—Qué maravilla. Supongo que de verdad habría que probarla.
Aldana deslizó su mano en el bolsillo del saco de Rogelio, sacó su propio celular y se lo agitó frente al rostro: —Tengo que llamarle a Gilda. Te dejo a ti la tarea de probar la tina.
Rogelio se revolvió el cabello, soltando una risa de frustración y derrota.
Era una tina para dos; él solo jamás podría comprobar si funcionaba bien o mal. Pero, por otro lado, le faltaba valor para seguirla hasta el baño y arriesgarse a cruzar la línea.
***
En el estudio.
Aldana marcó el número de Gilda y le relató cada detalle de lo ocurrido en la residencia principal.
—Dale las gracias a los señores de mi parte —respondió Gilda, con un tono sumamente tranquilo—. Cuando resuelva este asunto, iré personalmente a visitarlos.
—Hecho. —Aldana no indagó más en el tema, pero preguntó—: ¿Cuántos días más durará el vuelo de prueba de Héctor?
—Tres días. —Gilda, sentada en el balcón mientras observaba el cielo completamente oscuro, se sintió de pronto desanimada—. Hoy fue el primer día, faltan dos.
Cuando terminaran las pruebas tendría que regresar, así que sumando el tiempo de viaje, le faltaban unos cuatro días. Antes, cuatro días no le habrían parecido un tormento tan eterno.
—La familia Valeriano no se va a quedar de brazos cruzados. Si necesitas algo, solo pídelo. —Aldana aferró su teléfono, hablando con un tono grave y protector—. Gilda, ahora tienes una familia. No tienes que cargar con todo tú sola.
—Lo sé. —Gilda sintió un calor reconfortante en el pecho y las comisuras de sus labios se elevaron un poco—. Si las cosas se complican, te pediré ayuda.

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