—Claro, yo no escuché absolutamente nada. —El doctor miró incómodamente por la ventana.
Era obvio que no le convenía meterse con el joven heredero de la familia Lucero.
***
Afuera de la habitación.
Máximo y Gilda estaban parados frente a frente.
—Señorita Gilda, ¿a usted le gusta Héctor? —preguntó Máximo, directo y al grano.
Gilda lo miró en silencio por un par de segundos y luego respondió con calma: —Independientemente de si él me gusta o no, tú no me gustas.
Máximo se quedó mudo. Aunque ella no había respondido de manera directa.
Él sabía perfectamente que sí sentía algo por Héctor.
—¿Por qué?
Con los ojos cristalizados, Máximo no pudo evitar preguntar: —Si él te puede gustar, ¿por qué yo no? ¿Qué tiene él que no tenga yo?
—Dime qué es, te juro que puedo cambiarlo.
—Cuando alguien no te gusta, simplemente no te gusta. —Gilda mantuvo un rostro imperturbable y un tono distante—: Esa es la única y más grande razón.
Tal como se lo había dicho Héctor, él tampoco sabía por qué le gustaba ella.
Simplemente le gustaba.
—¿De verdad ya no tengo ni la más mínima oportunidad? —Máximo la miraba, a punto de echarse a llorar por la impotencia.
Gilda no respondió, y su silencio lo dijo todo.
—Entiendo. —Máximo bajó la cabeza y dejó escapar una sonrisa amarga—: A partir de hoy, no volveré a molestarla.
—Agradezco tu comprensión. —Gilda asintió—. El costo de tu inscripción puedes pedirlo en la oficina de administración para que te lo reembolsen.
—No es necesario, transfiéraselo a alguna de las otras alumnas. —Máximo había perdido las ganas de todo y dijo con pesadumbre—: A ellas sí les interesa aprender a defenderse.
Gilda apretó los labios: —Entonces me retiro.
—Señorita Gilda. —Al verla alejarse, Máximo habló una vez más—: Si, por casualidad... si las cosas no funcionan entre usted y Héctor, sepa que yo volveré.
Gilda frunció el ceño e, instintivamente, aceleró el paso.
Funcionaran las cosas o no, Máximo nunca le iba a gustar.
Era simplemente agotador.
***
En la enfermería.
Cuando Gilda regresó, Héctor mantenía los ojos cerrados, con el suero conectado en el dorso de la mano.

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