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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1959

Hernán llegó a la sala privada, miró a la hermosa mujer sentada a la mesa y un destello de fascinación pasó por sus ojos.

Tsk.

¿Cómo es que nunca había visto a una mujer tan deslumbrante?

¿Acaso venía de otro país?

—Buenas noches, soy el dueño del Casino Amanecer.

Hernán se acercó a Aldana y le extendió la mano de forma proactiva:

—Perdone el atrevimiento, ¿cuál es su apellido, preciosa?

Aldana levantó la mirada, lo examinó de pies a cabeza y apartó los ojos con desgana:

—Si sabes que es un atrevimiento, para qué preguntas.

Hernán se quedó de una pieza. No esperaba que la belleza tuviera tanto carácter.

Le encantaba.

Hernán se sentó en el lugar del crupier, con una sonrisa en el rostro y los ojos clavados en Aldana:

—Escuché que la señorita quiere jugar a algo distinto. ¿Qué te parece si te acompaño en la partida?

—Me parece perfecto.

Aldana desenvolvió una paleta, se la metió a la boca y esbozó una sonrisa inocente:

—¿Señor Mendoza, cierto? Hoy tengo muy buena racha. Si le gano mucho dinero, no me va a impedir irme, ¿verdad?

—¡Ja, ja, ja...!

Hernán soltó una carcajada. Un casino de ese tamaño movía miles de millones de pesos al día, ¿acaso tendría miedo de perder dinero?

Menos aún contra una chiquilla que no parecía capaz de ganar ni un peso.

—Pierde cuidado, todo el lugar está lleno de cámaras para garantizar la justicia y transparencia.

Hernán sonrió de forma cínica:

—De la misma forma, si pierdes, más vale que no te pongas a llorar.

—Je, je «llorará tu abuela» —sonrió Aldana con frialdad y voz perezosa—: Sigamos.

El crupier volvió a repartir.

Aldana tomó sus cartas, les dio un vistazo y de inmediato empujó un par de fichas.

Esta vez apostó poco, solo un millón.

Al ver su vacilación, Hernán dio por hecho que no sabía ocultar sus emociones y estaba seguro de que sus cartas eran pésimas.

Como la casa, subió la apuesta a dos millones.

...

Aldana pareció pensarlo seriamente y, con un gesto tímido, también igualó los dos millones.

—Cinco millones.

Al ver al inocente corderito frente a él, Hernán arrojó cinco millones sin dudar.

Aldana dudó un segundo y se vio "obligada" a igualar los cinco millones:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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